sábado, marzo 25, 2017

La paradoja del viaje en el tiempo y dos soluciones

El viaje en el tiempo no existe y punto.
Una cosa es posible: alejarse de tal modo (muy rápido) que al volver a reunirse la cantidad de tiempo transcurrido es distinta. Una de las partes ha envejecido más. Abusando del lenguaje digamos que uno viajó hacia el futuro del otro, así que ajustemos la sentencia inicial: viajar al pasado no es posible y punto. No hay mucho que explicar, lo que pasó, pasa y pasó, el ápice de tiempo se inflama y se consume. No hay vuelta atrás y son innumerables las versiones de la paradoja "nieto que asesina a su abuelo antes de que nazca su padre", elija cada cual su favorita.
El propósito de estas líneas es revisar un par de variantes sobre el tema. Las únicas que recuerdo hasta ahora que lidian con éxito contra la paradoja.

Connie Willis, El libro del día del Juicio Final (título original Doomsday Book). Tienen una instalación, una máquina del tiempo, que nombran la red. Configuran el destino, posición y fecha, ponen a los viajeros en la liza y abren la red. Por un minuto la red se abre en el pasado y cuando se cierra los viajeros han viajado. ¿Cual es la novedad? La teoría que subyace en el desarrollo de la red considera las paradojas y si el cambio del pasado afecta el futuro simplemente la red no se abre. De esta manera, por ejemplo, nunca pueden matar a Hitler. La red es propiedad de la Facultad de Historia, y el rector es el administrador de los proyectos; la usan para estudiar. Resulta muy fácil viajar a desiertos solitarios: un esqueleto más en una duna de arena, ¿cómo puede modificar el futuro? Bueno, no lo cambia. De esta manera no hay impedimentos para que la joven estudiante Kirvin Engle desembarque en medio de la epidemia de peste negra que mató al treinta por ciento de los europeos. Tremenda novela.

Segundo caso, un poco más complejo. Si existe el Libro del tiempo, donde está todo escrito, quien lo pueda leer ve el futuro. Dicho de otra manera ha hecho un viaje muy rápido hacia el futuro y desde allí hacia el pasado. Lo que es imposible, pero... Pero ¿qué pasa si esa lectura es inofensiva, inocua, intrascendente? Si esa lectura no provoca el más mínimo cambio podría suceder sin paradoja. Esta posibilidad tiene un antecedente muy antiguo: la profetisa Casandra tuvo el don y jamás nadie creyó en sus pronósticos: fue ignorada con plenitud. Otra posibilidad es la propuesta por Ted Chiang en La historia de tu vida. Extraterrestres saben lo que harán y lo hacen. Lo que deciden hacer es lo ya sabían que pasaría. Nunca salen del guión, construyen el presente a medida del futuro, o lo que eligen hacer siempre es lo que también vieron hecho por adelantado. En fin, hay mucha prosa de por medio y es mérito de Chiang convencernos. En el cuento una humana es contagiada con este poder. Sabe que tendrá una sola hija, que va a morir escalando a los 25 años, sabe que día será concebida, y allí marcha, con alegría a tener a su hija. Elige o no puede hacer otra cosa, porque ya lo hizo o ya está escrito. Maravilloso relato.

Este cuento inspiró la película Arrival, donde los hombres de la secta del cliché -los guionistas de Hollywood- transformaron esta invención de Chiang en una entretenida película, una más donde se viaja en el tiempo y se aplica en el pasado un conocimiento dado por el futuro: de lleno en el inasible centro de la paradoja. Pero no importa eso, la clave es otro cambio, la muerte de la hija.

La muerte de la hija.
Pusieron una desconocida enfermedad donde Chiang puso un accidente de montaña. Es decir cambiaron un día cualquiera expuesto a uno y mil azares por una enfermedad inapelable. Para la película no hay elección: los médicos hacen lo posible y fracasan, ella muere. El cuento deja a la madre como pasajera y capitán de su propio barco, con un naufragio anunciado. Tiene veinticinco años para cambiar el rumbo. Desde mudar de país con un bebé hasta romper la camioneta la mañana del último día. Pero no puede, no es posible. El destino es inevitable, al modo de los dioses olímpicos. Y lo sabe.
Ted Chiang escribió un cuento genial, que no está en Arrival.