domingo, mayo 13, 2012

Marcelo Cohen. Insomnio

Había estado soñando con estepas en llamas, con asechanzas, con un centinela que reclamaba salvoconductos para abrir el paso a un acantilado cóncavo donde el embate de las olas transformaba el incendio en humo líquido. Cuando abrió los ojos, sin embargo, sólo volvió a encontrar el óxido de las torres de petróleo contra el cielo aterido de la Patagonia.

En una zona del sur argentino se descubren riquísimos yacimientos, que provocan la llegada de varios millones de trabajadores del mundo entero, y la intervención de la ONU para declarar la zona independiente y al servicio de la humanidad. Pero los pozos se agotan, y el desbande de los inmigrantes queda prohibido, se amuralla la ciudad y la zona es patrullada por gendarmes y diversas fuerzas militares. Existe un sorteo cuyo premio es la visa de salida. Pero todas las reglas son provisorias, ocultas y flexibles.
Todos viven preocupados por los sueños; además apenas cierran los ojos se ponen a soñar. El protagonista es un escritor, redactor de discursos ajenos, unos de los dos mejores.
Hasta acá la situación. Pero este resumen se entiende bastante avanzada la novela, hasta entonces todo es confusión. Se sigue de cerca al protagonista, y las circunstancias muy de a poco van dejando entender lo que conté al comienzo.
La trama agrega varios personajes interesantes y tiene un final melancólico en que todo vuelve a empezar o continua casi igual. De alguna manera me recordó indudablemente al Marlowe de Chandler.
Pero el original atractivo y desafío de esta novela es la prosa de Marcelo Cohen. Escribe más que bien. Sus oraciones están pulidas y abundan en metáforas e imágenes. No crean que es empalagoso o difícil. Justo antes de pasar la línea que lo haría un pedante escritor de de la nada bien escrita con buenas palabras se detiene, se queda del lado del lector y resulta que tiene un estilo original y una voz propia. Bien por él.
Entonces el problema de la novela es la historia en sí misma o el punto de vista elegido para narrar ese futuro cercano, distópico y lejano al mismo tiempo. Digo esto porque aburre un poco.
Calificación: buena.

1 comentario:

  1. Cohen es para mí -y dentro de lo que conozco, claro- el mejor escritor argentino vivo. Esta novela no está entre mis preferidas. Sin embargo recuerdo con agradecimiento la finísima sensibilidad y crudeza, a la vez, con que se describe la compleja, plegada relación entre Selva y Ezequiel. Dos escenas tengo presentes ahora: algo del comienzo, ella le da un libro que perteneció a un muerto, para averiguar cómo pensaba el que lo subrayó; algo del final, ella que apoya su mano en el pubis de él que puede sentir cómo se despereza el pene y vuelve al reposo, todo eso contado con delicadeza conmovedora.

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