domingo, julio 24, 2011

Escritores argentinos eligen los libros que le cambiaron la vida

Angélica Gorodischer en su biblioteca.

Generalmente en la hamaca paraguaya yo lo leo a Borges.

martes, julio 19, 2011

Orsai N°2


Me gustaron tres notas, las demás son un atraco a la editorial. Algunas ilustraciones son excelentes, otras no.
Este número, como el uno, es para pocos. El ejemplo más claro es la nota del padre primerizo. Ese tema solo le interesa al padre que tiene un único hijo, menor de seis años. Al resto del universo no le importa nada, porque lo ignora todo al respecto o porque lo vivieron tal cual se relata, y saben que no hay nada nuevo bajo el sol.

Sobre el tema con más gancho, Charly García, me gustaría una nota de un médico que explique que pasa en el cerebro, en cualquier cerebro, con el consumo de drogas y con la desintoxicación (¿es el verbo que corresponde?). ¿Qué hacen con el cerebro los remedios que toma Charly?

Cierra con un cuento de Abelardo Castillo, que podría ser un cuento de Lugones, bastante mejor me parece. Pero voy a que atrasa cincuenta años por lo menos, y solo puede entusiasmar a un chico de 16 que lo lee en 1974.

lunes, julio 11, 2011

César Aira. El error

En esta novela el acostumbrado buen comienzo de los libros de Aira existe pero limitado a la primera página. Luego la historia se desenvuelve y se ovilla, pero -con la consabida excepción de algún apunte cómico o genial- no termina de atraer. Aira tira de la soga de la narración hasta que deja de tirar. Punto, fin del relato.

Es de sus últimos libros, que ha elegido situar en América Central. ¿Por qué habrá hecho eso? ¿Será para librarse de los paisanos de Pringles, o de los vecinos de Flores? Pero esos personajes nunca fueron locales o costumbreros. En fin, extraño los pasisajes bonaerenses, las tormentas.

Calificación: regular.

domingo, julio 10, 2011

Leonardo Sciascia. El contexto

De 1971, situada en algún lugar de Europa, queda claro que las comunicaciones en los últimos cincuenta años han cambiado la sociedad, pero -leyendo el diario- las personas se siguen asesinando como antes.

─¿Algún viajecito?
─Qué más quisiera. Pero el último que hice fue a Rus: doce kilómetros, a pie. Hace tres años.
Empieza como un caso policial y se transforma en un ensayo sobre el poder, la verdad y la mentira.

─Sí, era inocente... Pero ¿qué significa ser inocente, cuando se cae en el engranaje? No significa nada, se lo aseguro. Ni siquiera para mí, en cierto sentido. Como cruzar una calle y acabar debajo de un coche. Inocente, y ha sido atropellado por un coche: ¿qué sentido tiene decir algo así?
─Pero no todos son inocentes ─dijo Rogas─. Me refiero a los que caen en el engranaje.
─Tal como va el engranaje, podrían ser todos inocentes.

Sin mucho esfuerzo ni muchas líneas el autor logra personajes bien hechos.
Era ya hora de comer, y Rogas se encaminó hacia el restaurante del jueves: ya que tenía uno para cada día de la semana, siete por lo tanto que le consideraban un buen cliente pero no de suficiente confianza como para poder tratarle mal.


Calificación: bueno.