miércoles, febrero 02, 2011

Mario Levero. La novela luminosa

Este libro tiene dos partes, la segunda es La novela luminosa, escrita treinta años antes de entrar al siglo XXI, en la cual el autor cuenta varios episodios luminosos que le sucedieron, episodios de iluminación mística, de revelación de cosas buenas. Hay también una novela oscura pero no es el momento de contar sobre ella, dice el relator.
El relato es bastante ernestosabatiano: hay prostitutas, casi todas con vagina semejante a la boca de un pez, aparece mucho Dios, así con mayúscula.
Son 120 páginas.

Por momentos, mi vida actual se me aparece viajando en un enorme ómnibus a toda velocidad; está lleno de gente amontonada, no se detiene nunca, no puedo ver al conductor ni tengo la menor idea de adónde me conduce; siento pánico, me quiero bajar, pero cuando me acerco a la puerta veo, a través de los vidrios sucios, que debajo del ómnibus no hay ninguna carretera, y a los costados ningún paisaje: nada.

Calificación de la segunda parte: regular.

La primera parte del libro se llama Prólogo Diario de la beca. Son 450 páginas.
Levrero tiene el don del narrador. Solo eso explica que haya terminado las 450 páginas del prólogo de La novela luminosa. Aun aceptando la frescura y la facilidad de su prosa, sigo sin entender el unánime coro de alabanzas que encuentro en internet, No reí ni lloré en el mismo párrafo, ni en distintos.
Es una lectura muy fácil, por la sencillez de la escritura y de los hechos relatados.

Opina asombrado un crítico de la madre patria:
El Diario lleva en la obra el subtítulo de "Prólogo". Un prólogo de 450 páginas y olé. Este Diario pendula entre lo insoporable y lo jodidamente insoportable. Es decir, es un diario con todas las de la ley. La cantidad de anodineces, gilipolleces, mindundeces, minusculeces y micromemeces que junta en estas páginas Mario sólo es comparable con las que juntan en su casa doce adolescentes obsesionadas con Dani, sus granitos y su nuevo portátil. Pa vomitar.
Muchas veces, tantas veces, incontables veces, estuve por dejar el libro. Resulta casi insultante que una sucesión tal de naderías sea publicada y que yo vaya y lo compre. 21 euros.


Levrero obtuvo una beca de un año, tiempo en el cual le gustaría completar un libro viejo, La novela luminosa, pero está viejo y deprimido, y un poco chiflado. Escribe el diario pensando que esa tarea leve puede ayudarlo a emprender la tarea mayor.
Incluye en el diario sus lecturas, que este año son casi todas novelitas policiales.
Es mejor tener algo no muy bueno para leer, que no tener nada. Las adicciones actúan así, y uno puede llegar a sufrir grandes humillaciones por necesidad de droga. Ya sé que un día voy a terminar leyendo a Agatha Christie.

El año está lleno de sueños, de inconvenientes domésticos, de problemas en la computadora. El ánimo del relator oscila.
Es muy probable que este sueño, placentero por los aspectos eróticos a pesar de las angustias, haya sido facilitado por el antidepresivo, que comencé a tomar de nuevo hace tres días. Y sin duda es un efecto del antidepresivo el hecho de que hoy al levantarme me diera un baño. Hacía muchísimo tiempo que no me bañaba, ni se me ocurría planteármelo.

Después de un año, hay que decir que algo de cariño le hemos tomado a ese pobre anciano.

Calificación de la primer parte: inclasificable.

2 comentarios:

  1. Siempre es estimulante contrastar distintas opiniones. Para mi La novela luminosa y El discurso vacío son geniales. Esa aparente futilidad de L., sus fobias, sus estúpidas manías, su vida desocupada y neurótica me resultan curiosísimas. Si fuera yanki desbancaría a W. Allen en dos días. Y leí este año El lugar y me pareció soberbio. Tiene ese don de la aparente facilidad de escritura que yo creo que requiere una tremenda elaboración. Otros ocultan su falta de talento en la artificiosidad. Un saludo.

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