viernes, febrero 25, 2011

Dos citas y el dinero

1971, Mónica Müller.

No tengo plata en efectivo y en el banco cien mil pesos. Cien mil pesos es lo que gana mi viejo, que mantiene la casa. Yo saco por lo menos doscientos mil de mi negocio todos los meses y aunque vivo sola, el cinco de cada mes me quedan cien, como hoy y el diez ya no me queda ni un mango, no sé por qué.

Con la inexperiencia de la juventud, Müller da por sentado que todos sabemos y seguiremos sabiendo cuanto significan cien mil pesos. No advierte la desmesurada cantidad de ceros que ese número lleva, ni que implica la inexistencia de los centavos, en fin, no advierte nada fuera de su sitio.
Treinta años después Martoccia sabe que en Argentina no hay nada más volátil que el papel moneda y sabiamente relativiza su valor nominal.


2006, María Martoccia.
"Trescientos cincuenta y alambro la aguada que linda con el camino a Cañada Seca", dijo el paisano, creyendo que nadie lo escuchaba. En esa época el dinero se llamaba australes y faltaban años para que la Graciela se fuera a vivir con Chispa detrás de la sierra.


Otro caso, 1980, Fogwill.
Cuando parado en el cordón de la vereda recibí mi cambio, mantuve abierta la puerta trasera del Falcon y conté: tres billetes de mil, uno de quinientos, dos monedas de cien pesos. Estaba bien, el viaje había costado seis mil trescientos pesos, así lo indicaba el reloj empotrado en la consola del auto.

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