sábado, enero 08, 2011

Cambiando regalos de Navidad

Cuando se habla del libro electrónico se nombra a veces a los libreros como los próximos faroleros, gente con su oficio en extinción. Algo de eso hay, pero en el caso de Yenny/El Ateneo nadie los va a extrañar; que mal atienden por Dios. Ignorancia plena de otros idiomas (y están repletos de turistas), desinterés y altanería. Maleducados en una palabra. Hablo de las dos sucursales de la calle Florida y del Grand Splendid, y con varios años de malas experiencias.

En la calle Florida, justo enfrente, Cúspide es lo contrario. Demuestran interés y conocimiento.

Otra: en Distal hacen algo que nunca ví: en los estantes orientan los libros para que la leyenda del lomo apunte en el mismo sentido, es decir, algunos libros están cabeza abajo, pero solo se nota al retirarlos, mientras están acomodados, se recorren con la vista sin interrupción.


1 comentario:

  1. En Yenny se agrega la total ignorancia del asunto que venden: libros. ¿Cuántas veces he preguntado por el nombre de un autor reconocido (raras veces compro otros), para recibir el mismo nombre, mal pronunciado, de vuelta como si uno estuviera pidiendo frutillas, en alemán y en una carnicería?
    En Cúspide (y en Librería Santa Fe y en Gandhi y en...), la cuestión es muy diferente. La figura del vendedor de libros es indispensable, para saber qué leer si a uno le gustó tal libro, para que nos hable de otros libros, para que nos consiga cosas difíciles de conseguir. En parte blogs como éste suplen las primeras dos funciones.

    ResponderEliminar