domingo, diciembre 26, 2010

César Aira. La fuente


-Para mí que bebe a escondidas.
-¡Es abstemia! No toca el coco. Te habrá dado esa impresión porque es muy corta de vista.

Esta novela corta se parece a muchas de las novelitas de Aira, pero tiene algunas novedades: el escenario es una isla improbable, solitaria e ignota, donde los pobladores llegan a tres mil, mas o menos, la cantidad que corresponde a un pueblo muy pequeño, o un barrio. Y se me acaba de ocurrir que estos habitantes no son otros que los parroquianos de Flores, o los vecinos pringlenses, trasladados y aislados propiamente dicho.

Estos incidentes no parecen tener ninguna importancia: registrarlos o no es una arbitraria simulación de azar, azar intencional, nada más. Y sin embargo, ¿quién puede decirlo? El eclipse del día de sol también es belleza pura, desnuda sin explicaciones. Todo tiene importancia en la mente.


No hay artefactos inventados.Las cosas imposibles que suceden son del género fantástico.

¡Realidad, realidad! ¡Qué grande sos, que omnipresente! Es imposible superarte con la ficción.


El relator aparece varias veces. Clásico.

¡Milagro de la novela! ¡Día de sol! ¡A pesar de todo!
Cuando se despertó esa mañana el viejo Fast, "el rápido", tuvo una visión proveniente del sueño, en la forma de una frasecita sin sentido: "I had not yet been anywhere that I can remember. The crickett sang all night." No era ésta, claro está, ni siquiera estaba en otro idioma; este es un caso extremo de equivalencia. Que lo descifre el que pueda.


Hay poca acción y mucha glosa. Hay humor, surrealista a veces. Hay además un ánimo festivo y optimista en el relato. los personajes y la escena están llenos de felicidad y paz. La amenaza final, cuando la hecatombe se acerca, tampoco cambia el tono, porque como todos ignoran la amenza, siguen contentos. La isla es, a priori, el sueño del burgués que palidece en la oficina: sol, pesca, arena, y paz, mucha paz y tranquilidad.

Hubo un chistecito que prendió entre los adolescentes hasta hacerse una muletilla insoportable. Consistía en decir, a propósito de cualquier cosa (el chiste estaba en meterlo donde menos tuviera que ver): "No, no llueve: llovió". Llegó un punto en que los adultos lo oían y se crispaban como pulpos embalsamados. Pero ahí estaba la gracia, por supuesto.

Las líneas anteriores, ¿no son una evocación del verso de Borges? "La lluvia es una cosa que sin duda sucede en el pasado." Por lo menos para mí fue inmediata la asociación. ¿Tendrá también Aira esas palabras rondando en su cabeza? "La lluvia es una cosa que sin duda sucede en el pasado." ¡Extraordinario!

Calificación: buena. No recomendable como primer lectura de Aira.

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