viernes, diciembre 31, 2010

Lo mejor del año 2010

Una vez más, el resumen anual. La selección no se limita a novelas, pero no tuve suerte con los cuentos.

Destacado del año
Neil Gaiman. El libro del cementerio

Lo mejor
César Aira. Cómo me hice monja
Gene Wolfe. La espada del lictor
James Salter. Años luz
Doris Lessing. El diario de una buena vecina


Me gustaron bastante
Andrea Camilleri. El olor de la noche
María Martoccia. Los oficios
Giuseppe Tomasi de Lampedusa. El Gatopardo
César Aira. El llanto
Jan Wolkers. Delicias turcas

miércoles, diciembre 29, 2010

Mario Bellatin. Damas chinas

Es el relato de un médico con muy pocos sentimientos acerca de su inapetente matrimonio, incluyendo a sus hijos. El menor no parece estar encaminado a ser un honesto ciudadano, y más bien será motivo de futuras embarazosas explicaciones. Muere cuando el padre le administra un calmante para controlar una intoxicación de estimulantes.
Todo esto en muy pocas paginas, tan pocas que las últimas del libro se completan con el relato de la aventura de un niño.
En resumen, un libro sin trama ni profundidad. Quizás de prosa atrayente pero nada más.
Calificación: regular. Fácil de leer; ¿es posible que la editorial no pida más que el cumplimiento de ese menesteroso requisito?

domingo, diciembre 26, 2010

César Aira. La fuente


-Para mí que bebe a escondidas.
-¡Es abstemia! No toca el coco. Te habrá dado esa impresión porque es muy corta de vista.

Esta novela corta se parece a muchas de las novelitas de Aira, pero tiene algunas novedades: el escenario es una isla improbable, solitaria e ignota, donde los pobladores llegan a tres mil, mas o menos, la cantidad que corresponde a un pueblo muy pequeño, o un barrio. Y se me acaba de ocurrir que estos habitantes no son otros que los parroquianos de Flores, o los vecinos pringlenses, trasladados y aislados propiamente dicho.

Estos incidentes no parecen tener ninguna importancia: registrarlos o no es una arbitraria simulación de azar, azar intencional, nada más. Y sin embargo, ¿quién puede decirlo? El eclipse del día de sol también es belleza pura, desnuda sin explicaciones. Todo tiene importancia en la mente.


No hay artefactos inventados.Las cosas imposibles que suceden son del género fantástico.

¡Realidad, realidad! ¡Qué grande sos, que omnipresente! Es imposible superarte con la ficción.


El relator aparece varias veces. Clásico.

¡Milagro de la novela! ¡Día de sol! ¡A pesar de todo!
Cuando se despertó esa mañana el viejo Fast, "el rápido", tuvo una visión proveniente del sueño, en la forma de una frasecita sin sentido: "I had not yet been anywhere that I can remember. The crickett sang all night." No era ésta, claro está, ni siquiera estaba en otro idioma; este es un caso extremo de equivalencia. Que lo descifre el que pueda.


Hay poca acción y mucha glosa. Hay humor, surrealista a veces. Hay además un ánimo festivo y optimista en el relato. los personajes y la escena están llenos de felicidad y paz. La amenaza final, cuando la hecatombe se acerca, tampoco cambia el tono, porque como todos ignoran la amenza, siguen contentos. La isla es, a priori, el sueño del burgués que palidece en la oficina: sol, pesca, arena, y paz, mucha paz y tranquilidad.

Hubo un chistecito que prendió entre los adolescentes hasta hacerse una muletilla insoportable. Consistía en decir, a propósito de cualquier cosa (el chiste estaba en meterlo donde menos tuviera que ver): "No, no llueve: llovió". Llegó un punto en que los adultos lo oían y se crispaban como pulpos embalsamados. Pero ahí estaba la gracia, por supuesto.

Las líneas anteriores, ¿no son una evocación del verso de Borges? "La lluvia es una cosa que sin duda sucede en el pasado." Por lo menos para mí fue inmediata la asociación. ¿Tendrá también Aira esas palabras rondando en su cabeza? "La lluvia es una cosa que sin duda sucede en el pasado." ¡Extraordinario!

Calificación: buena. No recomendable como primer lectura de Aira.

sábado, diciembre 18, 2010

César Aira. La costurera y el viento

César Aira está en París y soñó un libro maravillloso pero solo recuerda el título. Se lanza entonces a escribir. Delia Siffoni, costurera de Pringles, se remontará en los brazos del incansable viento patagónico, don Ventarrón, en medio de una aventura desquiciada, sorprendente o lisérgica.
Con mucha imaginación y humor Aira demuestra su talento para la narración. Los episodios se suceden y derivan, pero los personajes son al menos los mismos; en cuanto a la trama, inicialmente es: un niño se pierde y sus padres salen a buscarlo, la costurera en taxi, el padre en camión. Los vecinos quedan en Pringles comentando. La profesora Silvia Balero -cuyo vestido está cosiendo Delia- los persigue en un pequeñísimo auto azul.
Es un libro divertido, de humor absurdo.

A las cuatro, creo, empezaba el coro de los pájaros. Pero había uno, un pájaro, que era el que me despertaba en esos amaneceres de verano, un pájaro con el canto más bello y extraño que pueda soñarse. Nunca volví a oír algo así. Era un gorjeo atonal, locamente moderno, una melodía de notas al azar, agudas, límpidas, cristalinas. Las hacía tan especiales lo inesperadas que eran, como si existiera una escala, y el pájaro escogiera cuatro o cinco notas de ella en un orden que burlaba por sistema cualquier expectativa. Pero el orden no podía ser inesperado siempre, no hay un método así; el azar mismo debía contribuir a que se cumpliera alguna expectativa, la ley de las probabilidades lo exige. Y sin embargo, no.
En realidad no era un pájaro. Era el camión del señor Siffoni, cuando le daba manija.

La prosa no se aleja de lo acostumbrado en estos libros de Aira. Cuenta y justifica lo que va contando, ya sea el mecanismo del chisme en la sociedad pringlense, o los horarios del amanecer y el crepúsculo al sur del río Colorado. Además escribe en París, donde los mozos del café, como acá, ignoran su necesidad de pagar la consumición.
Calificación: muy bueno.

viernes, diciembre 10, 2010

Gustavo Alejandro Ferreyra. El amparo

Primer libro de un escritor no muy conocido, aunque su último libro ha ganado el premio Emecé.

Adolfo es un sirviente más en la casa del señor, desde hace años. Todos ellos viven en el ala de la servidumbre, cada cual tiene su pieza y sus tareas. De lo demás nada saben; la administración tendrá sus reglas quizás, pero nunca se han mostrado. El servicio debe ser impecable, y los encargados son rigurosos. No hay salario ni vacaciones, la recompensa diaria es no ser despedido, y los sirvientes más cercanos al señor son casi dignos patriarcas.

Se impone para describir esta novela el término kafkiano. Adolfo vive temiendo incumplir unas leyes que desconoce. Hace grandes especulaciones sobre indicios insignificantes. Recibe órdenes sin aviso y no tiene poder sobre nada ni nadie. Sin información, sin libertad, no vive, perdura.

El estilo de la prosa es bastante personal. Con claridad y sin embarullarse, Ferreyra describe desde cerca; la acción de la novela puede resumirse en pocas líneas pero los movimientos no son lo importante. Una vez más, Kafka. El último día, ¿está el agrimensor más cerca de entrar al castillo que el día de su llegada?

Adolfo se asustó, ya que -sin plantearse en estos términos y mucho mas confusos- lo asaltaron unos interrogantes: ¿qué sería de ellos si el señor muriese?, y subyaciendo en el fondo de su azoramiento, ¿puede morir el señor? A punto estuvo Adolfo de interesarse por la salud del señor mediante palabras que hicieran evidente su pesadumbre -esta era su intención-, no obstante no lo hizo porque, en el último instante, se dio cuenta de que hubiera sido una arrogancia. No podía pretender que el maître le comentase el estado de salud del señor.
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Calificación: bueno. Vertiginoso, no es.

domingo, diciembre 05, 2010

César Aira. Cómo me hice monja


Mi historia, la historia de “cómo me hice monja”, comenzó muy temprano en mi vida; yo acababa de cumplir seis años.


De un ligero relevamiento incluyendo a Palimp resulta que es esta una de las novelitas imprescindibles de César Aira. Como casi siempre las mayorías llevan la razón.

¿Algo objetivo para decir sobre esta obra?
  • Estos son los primeros recuerdos de una niña que más adelante será monja.
  • Esta es la autobiografía de César Aira entre los seis y los siete años.
  • Este libro es una novela corta de diez capítulos.


Algunas sensaciones:
  • Estar leyendo algo maravilloso.
  • Que el autor tiene todo bajo control, que es amo y señor del relato en cada instante.
  • Sorpresa. O asombro para ser más preciso. ¿Cuánto tiempo puede un lector leer asombrado? Hasta el final.


En resumen, indescriptible.