martes, septiembre 28, 2010

Dmitry Glukhovsky. Metro 2033

En el 2033 la superficie del planeta es inhabitable, y en la red del tren subterráneo de Moscú viven los últimos miles de eres humanos. Los recursos son escasos y entre cada estación la oscuridad y terrores desconocidos transforman cada viaje en una empresa de riesgo mortal. Además las estaciones están más o menos en guerra entre sí, y desde el mundo exterior humanoides imprecisos intentan arrasar con las personas. La unidad monetaria es la bala de Kalashnikov.

Es una novela de episodios que van formando una imagen global. Casi todo es acción, y cuando no, las alegorías resienten el relato. Darle a cada estación un rasgo de la humanidad es un recurso forzado, y aburrido. Hay sectas cristianas, otras comunistas, fascistas, estalinistas, trotkistas, revolucionarias, y así.

Calificación: regular. Absolutamente pochoclera, si se entiende lo que quiero decir.
Pero las batallas son bastante buenas y en un capítulo luchan en la Gran Biblioteca, que es totalmente babélica y borgiana.

Detrás de la cabeza de Danila, que colgaba hacia atrás, se asomó una oreja puntiaguda y gris, y luego un gigantesco ojo verde que refulgió a la luz de la linterna. Morosamente, casi con timidez, el bibliotecario sacó la cabeza por detrás del moribundo brahmán, y sus ojos buscaron los de Artyom… Había que aguantarle la mirada. Seguir mirando, mirarle a él, directamente a las pupilas. Eran pupilas de animal, verticales. ¡Y qué extraño era reconocer en aquellos ojos terribles y monstruosos un apagado destello de inteligencia!
De cerca, el bibliotecario no se parecía en absoluto a un gorila, ni, en general, a ningún otro simio. Tenía hocico de animal de presa, cubierto de pelo; le asomaban de la boca unos colmillos que casi le llegaban a las orejas; y los ojos alcanzaban unas dimensiones que no se parecían a los de ningún otro animal que Artyom hubiera visto en la vida real o en ilustraciones.


sábado, septiembre 25, 2010

Sándor Márai. El último encuentro

Tiene cosas de novela rosa: prosa llena de lugares comunes, personajes psicologicamente impenetrables, y mucha escenografía: el emperador, condesas, guardias imperiales, cacerías, monteros, noches de nieve y luna, niñeras, cofias, osos, ciervos, escopetas, sables, carruajes, trucha, helado flambeado. Falta el amor; no hay una historia de amor ni grande ni mediana. Las novelas rosas pueden entretener, y si la pasión está bien llevada, emocionar. En esta novela el grueso del relato se compone de un discurso lleno de palabras bonitas y frases sentenciosas que así en montón valen... nada. Aburrimiento.

Calificación: regular.
Una faja roja comunica que cuarenta veces ha entrado a la imprenta.

Acá hay una reseña justa y divertida.

viernes, septiembre 17, 2010

Neil Gaiman. El libro del cementerio

El hombre Jack mata al padre, a la madre, al hermano mayor, pero el bebé gatea hasta el cementerio y es adoptado por los habitantes del cementerio, los muertos allí enterrados. Silas (que no está ni muerto ni vivo) será su tutor. Así comienza una de las mejores novelas de aventuras que leí en los últimos tiempos.

Hay muertos, y personas, una bruja, está Silas y la señorita Lupescu, y algunos seres más.
No le falta ni le sobra nada. Sobre todo no sobran explicaciones. Gaiman no explica casi nada, y logra la suspensión de la incredulidad de principio a fin.
¿Cuál es el elogio mejor para una novela de aventuras? Llevarnos a su mundo, sufrir con los personajes, y querer que no termine.

Calificación: excelente.

lunes, septiembre 13, 2010

Eloy Tizón. Velocidad de los jardines

Todas las oraciones proponen una metáfora, una imagen novedosa, una invención. A cada paso el escritor intenta deslumbrar; a veces lo logra plenamente, por ejemplo:

Era un niño difícil, y una vez había corrido descalzo por un sendero de barro y las hojas húmedas se adherían a sus plantas, y a la vuelta Eva había desempaquetado sus pies y los había besado.


Para intentar a cada paso una frase lírica, inteligente, nueva, aniquiladora, el autor debe tener un talento fuera de lo común, porque esa vocación lleva un enemigo íntimo: la afectación.
Y estos relatos oscilan entre la frase feliz, y la afectación pura.

No son relatos con trama ni con personajes muy claros; los hay pero abajo de las metáforas.
Hay apuntes que no se relacionan con la historia ni los personajes, ni con el paisaje. Totalmente gratuitos, su agrado depende por completo de la prosa. Y mucha veces quedan como relleno con poca gracia, por ejemplo:
Había salas de espera sin techo en las que llovía todo el día, y un hombre sentado leyendo un libro con agua hasta los tobillos.


Son relatos cortos. El mejor me pareció La vida intermitente donde empieza por un amor juvenil (¿hay algo mejor en el mundo?) descripto con mucho encanto, pero termina con un apunte lateral. Es decir, no hay una historia en el cuento y ni siquiera se queda con los personajes.

Calificación: regular. Pero en internet y en blogs amigos es muy elogiado. Entonces volví a leer los dos más destacados, y en efecto, el nombrado La vida... y Velocidad de los jardines son bastante buenos. Ambos son evocaciones de la juventud dichosa e inocente.
Algo más: demasiados adjetivos.

martes, septiembre 07, 2010

Neil Gaiman. Coraline


Coraline es una chica piola, y curioseando en su casa nueva, descubre un pasaje a otro mundo donde su "otra madre" intentará retenerla para siempre.

Es un buena novela de aventuras y miedo, donde Coraline es un buen personaje pero mejores son los monstruos del otro lado.
El relato es un poco infantil, pero asustará a los chicos, y a los grandes también.
Calificación: bueno.

viernes, septiembre 03, 2010

Top 2 de cuentos con gente alta


1. Los viajes de Gulliver. Un libro atrozmente genial.


2. La niña grande de papá. Está en el libro Las llaves del aire, de Le Guin. Es una historia tierna, triste y finalmente fantástica.




Por último, la increíble vida real:




Fuente