viernes, julio 16, 2010

El ego de los escritores

Quien pide a un buen escritor que nombre a sus pares o sus mejores, suele recibir por respuesta la mención de autores aún por descubrir, o de colegas notoriamente limitados. A mi modesto entender hizo lo mismo Rodolfo Fogwill, en estas líneas.

[...] ese seleccionado argentino donde, a falta de mejores, se nos suele poner a Pauls, a Kohan, a Piglia y a mí.

FOGWILL

Más sincero era Borges, que se remitía a José Hernández o Sarmiento, y luego, apremiado para que nombre alguno menos muerto, decía que había quedado ciego hace mucho.

3 comentarios:

  1. Acaba de salir un libro que habla del tema, no sé qué tal será. Es cierto lo que decís. Hace un tiempo trabajaba en una radio y entrevisté a muchos escritores; la pregunta fatal era ésta: "¿a quiénes leés, de los escritores de hoy"?. Y casi ninguno leía al otro, cosa que seguramente no haya sido cierta. Los egos, claro.

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  2. Bueno, es que en el "seleccionado argentino" actual, ¿a quién pondrías sino a Aira y a Piglia? No a Pauls, no a Kohan; tal vez a Fogwill.
    Piglia, ya que estamos, dice algo interesante al respecto:

    Un ejemplo es el modo en que Borges se conecta con una tradición menor de la novelística europea, defiende a ciertos escritores que fueron best-sellers en su época y que son considerados escritores marginales de la gran tradición de la literatura europea como Conrad, Stevenson, cierto Henry James, Wells, en contra de la tradición de Dostoyevski, Thomas Mann, Proust, que es la vertiente central en la discusión sobre la novela y sobre la narración en la literatura contemporánea. ¿Por qué Borges se dedica de una manera tan sistemática a valorar los textos del género policial, de Conrad o de Stevenson? Porque quiere ser leído desde ese lugar y no desde Dostoyevski. Porque si a Borges se lo lee desde Dostoyevski, como era leído, no queda nada. Ahí aparecen todas las opiniones que hubo sobre Borges: que su literatura no tiene alma, que en su literatura no hay personajes, que su literatura no tiene profundidad. Borges tiene que evitar ser leído desde la óptica de Thomas Mann, que es la óptica desde la cual lo leyeron y por lo cual no le dieron el Premio Nobel: no escribió nunca una gran novela, no hizo nunca una gran obra en el sentido burgués de la palabra, no es una “gran escritor” en el sentido de esa tradición: no es Eduardo Mallea. Entonces, para construir el espacio en el cual sus textos pudieran circular era necesario que explicara cómo podía ser otra lectura de la literatura narrativa. Su lectura perpetua de Stevenson, de Conrad, de la literatura policial, era una manera de construir un espacio para que sus textos pudieran ser leídos en el contexto en el cual funcionaban. Esto es para mí lo que hace un escritor cuando hace crítica.

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  3. Pondría a Fogwill, sí. Y a Belgrano Rawson y a la Gorodischer. Y a Gabriel Báñez aunque acaba de morir, pobre.

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