martes, julio 20, 2010

Eduardo Mignogna, Cuatrocasas


Esta novela fue premiada por Casa de las Américas en 1976, cuando Eduardo Mignogna (1940-2006) estaba exiliado (salió de la Argentina amenazado por facciones armadas de tintes más fascistas que socialistas (valgan lo que valgan las diferencias)), y está dedicado a Salvador Allende. Anoto estas circunstancias para insinuar que, así como la censura no responde a los méritos literarios, tampoco lo hacen ciertos premios.

La lectura remite de inmediato a El llano en llamas (1953).

Víctor Pareja, solitario.
Disque me siente.
Me siento.
Me anduvo buscando. Y me encontró;
disque pida tomar lo que quiera.
─Si gusta un vermut. Vermut, pues. Estoy en deuda con usted.
Pido.
La silla cruje y me acomodo. Tuerzo el espinazo.
Lo miro:
Víctor Pareja, de oídas. Fugado del penal de Cuatrocasas una noche de Santa Rosa. Lo persiguió el Capitán Buitreras en persona, y es comentario de los guardias que fue linchado como Dios manda.
Pero ahorita Víctor Pareja está ahí y su intención es quedar a mano conmigo.


La acción se ubicaría en alguna parte de la costa argentina, bastante árida, y a donde llegan las petroleras a instalar pozos. Hay estancias pero improductivas (el sentido creo, es incluir estancieros explotadores, afrancesados, parasitarios e incestuosos para completar). También está el Salado pero el verdadero trayecto de ese río no se acerca a la geografía o la historia que se describe. Ese es el problema: la falsedad. El relato es un compendio de lugares comunes contra la modernidad(*). Sumado a a la prosa copiada de Juan Rulfo, no queda nada verosímil.
No obstante tiene un episodio donde se recrea el caso del asesinato en un cuarto cerrado que es bastante bueno y Mignogna deja ver que tiene talento para las tramas (como quedó demostrado muchos años después cuando escribió La fuga).

Calificación: regular.

(*) Juan José Sebreli, El asedio a la modernidad.

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