sábado, julio 31, 2010

Matilde Sánchez. El Dock

La primera sensación es el gusto de estar leyendo algo muy bien escrito. Con prosa medida, clara y armoniosa, en tono clásico, la autora comienza con la historia. Relata en primera persona una mujer joven, sin compromisos, acompañada por un médico asiático que también se maneja por el planeta sin restricciones ni sueños por cumplir. Resulta que ven en la televisión el ataque de un grupo terrorista al cuartel de El Dock, y ven agonizar y morir a una mujer que es una amiga de la relatora. Y acá comienzan los problemas de la novela, que son nada menos que los personajes y la trama. Una vecina de la muerta llama a la relatora para que se haga cargo del hijo (huérfano ahora pues nunca se supo el padre); y la relatora no explica su relación con Poli –la atacante muerta- pese a dedicarle muchos párrafos. Esa falta de explicaciones es un defecto porque no condice con el tono más o menos sencillo del relato. Al comenzar la segunda mitad aparece la historia, simple: fueron compañeras de colegio y amigas inseparables hasta que de a poco la vida las alejó.
En la segunda mitad pasan el verano en un pobre pueblo de Uruguay los tres. Mientras se van conociendo con el chico también se recorre un poco la historia de todos. Dije que el problema son los personajes, en efecto son cada vez menos creíbles. Tienen un aire a novela de principiante cuando al autor le falta calle y sus criaturas pecan de artificiosas.
La historia o el desarrollo de los personajes transcurre entre reflexiones y descripciones entremezcladas. Más de una vez me resultó inevitable recordar a Eduardo Mallea, y no precisamente en su vertiente entretenida (que no tuvo, creo). Un poco más aliviado, no digo que sea tal cual. Pero la similitud existe.
Calificación: regular.

martes, julio 20, 2010

Eduardo Mignogna, Cuatrocasas


Esta novela fue premiada por Casa de las Américas en 1976, cuando Eduardo Mignogna (1940-2006) estaba exiliado (salió de la Argentina amenazado por facciones armadas de tintes más fascistas que socialistas (valgan lo que valgan las diferencias)), y está dedicado a Salvador Allende. Anoto estas circunstancias para insinuar que, así como la censura no responde a los méritos literarios, tampoco lo hacen ciertos premios.

La lectura remite de inmediato a El llano en llamas (1953).

Víctor Pareja, solitario.
Disque me siente.
Me siento.
Me anduvo buscando. Y me encontró;
disque pida tomar lo que quiera.
─Si gusta un vermut. Vermut, pues. Estoy en deuda con usted.
Pido.
La silla cruje y me acomodo. Tuerzo el espinazo.
Lo miro:
Víctor Pareja, de oídas. Fugado del penal de Cuatrocasas una noche de Santa Rosa. Lo persiguió el Capitán Buitreras en persona, y es comentario de los guardias que fue linchado como Dios manda.
Pero ahorita Víctor Pareja está ahí y su intención es quedar a mano conmigo.


La acción se ubicaría en alguna parte de la costa argentina, bastante árida, y a donde llegan las petroleras a instalar pozos. Hay estancias pero improductivas (el sentido creo, es incluir estancieros explotadores, afrancesados, parasitarios e incestuosos para completar). También está el Salado pero el verdadero trayecto de ese río no se acerca a la geografía o la historia que se describe. Ese es el problema: la falsedad. El relato es un compendio de lugares comunes contra la modernidad(*). Sumado a a la prosa copiada de Juan Rulfo, no queda nada verosímil.
No obstante tiene un episodio donde se recrea el caso del asesinato en un cuarto cerrado que es bastante bueno y Mignogna deja ver que tiene talento para las tramas (como quedó demostrado muchos años después cuando escribió La fuga).

Calificación: regular.

(*) Juan José Sebreli, El asedio a la modernidad.

lunes, julio 19, 2010

¿Era necesario decir esto?


Saramago
A lo largo de varios años me he sentido fuera de juego por no compartir el gozo de la literatura de Saramago. Intenté con honestidad, lo aseguro, pero no pude encontrar en el portugués mucho más que una corrección literaria y una abrumadora corrección política que, en cada caso, lo condujo a rumiar alguna tesis sobre el mundo y sus habitantes y luego recurrir a una cáscara de ficción para demostrarla.

De manera que Saramago no me parece -eso tampoco le importa al mundo, si vamos al caso- de ningún modo un artista ni un escritor diestro y capaz de entretener. Tenía, además, la tentación de presentarse como un defensor de las causas justas, al menos desde su punto de vista, allí donde tuviera oportunidad y no faltaran cámaras y micrófonos.
Como se insiste de modo permanente en inflar la memoria de Saramago con frases grabadas que se entienden poco, artículos y exégesis, como un culto desaforado y bienpensante no para de crecer, tenía que decirlo.

Publicado por Mario Mactas el 16/07/2010 | Enlace permanente


Se resiste la voluntad a criticar un muerto reciente. A entristecer a sus deudos. Es el momento de mirarlo con buenos ojos y dejar para más adelante las opiniones contrarias. Creo. O lo siento.

Tecnología mediante, hoy en día es muy fácil escribir opiniones en internet; no hay que enojarse contra los escritos ofensivos, baladíes o tontos que sin duda son la mayoría. No hay que enojarse.

A continuación, mi inepta opinión sobre los libros más importantes de Saramago. Con prosa de empleado judicial relata invenciones sencillísimas y jamás acierta a crear un personaje o una escena entretenida.
Me aburrí tanto leyendo ese par de libros.

domingo, julio 18, 2010

El Zorzalito

Salió del nido una tarde de verano, dio un revuelo con sus alas todavía un poco inseguras, se sentó en la copa del aguaribay, emitió un silbido agudo que hizo callar atento a todo el monte, y después ensayó un gorjeo y luego un trino que salió lleno y limpio como el viento de la tarde entre las hojas.

El mismo extrañaba la potencia y agilidad de su garganta. La calandria, para oírlo mejor, voló hasta su rama en silencio. El zor­zalito entusiasmado había iniciado una magnífica sinfonía. El zumbido de la brisa, las quejas de las hojas, la orquesta rumorosa del amanecer, el aliento de la noche estrellada, el grito de los árboles bajo el sacudón de la tormenta, todas las hondas impresiones que había recogido en su nido, pasaron a su garganta y se vertieron en el silencio crepuscular convertidas en sonidos tan hermosos que la calandria creyó que ella misma nunca había entendido el monte hasta aquel momento...

Calló el zorzalito y se hizo un silencio armonioso en el monte. Y entonces un gorrión superficial que no entendía de música, exclamó bruscamente:

-Qué feo queda. Cuando hincha la garganta, parece un sapo.

Y la Calandria, el Jilguero, el Tordo, el Cardenal y el Boyero, que entendían de música, arrobados en su admiración, no dijeron nada.

El Zorzalito levantó el vuelo todo cortado, y se perdió a lo lejos convencido de haber hecho un papelón. Y desde aquel día ya no cantó jamás. Porque cuando el corazón le pedía canto, le venía a las mientes la imagen de la garganta del sapo y el alma se le caía a los pies, amargada para siempre por aquella primera y repentina desilusión...

Los que entienden, que alaben a los que valen, no sea que vengan los que no valen y se hagan dueños del mundo.

Leonardo Castellani (1899-1981)
Camperas. Bichos y personas

sábado, julio 17, 2010

Liliana Bodoc. El espejo africano


Este librito se lee en treinta minutos, y como literatura para adultos es el esquema de una historia y unos personajes que sería interesante desarrollar. Como literatura juvenil (a partir de 12 años, advierte la contratapa) imagino que es simplemente aburrido. Todas las desgracias de los personajes (esclavos, libertos) son presupuestas por la autora a partir de referencias que los chicos no pueden conocer.
En fin, demasiado breve todo el relato, en todos sus aspectos. Esa brevedad es incompatible con el tono épico con que inicia y finaliza.

Calificación: regular.

viernes, julio 16, 2010

El ego de los escritores

Quien pide a un buen escritor que nombre a sus pares o sus mejores, suele recibir por respuesta la mención de autores aún por descubrir, o de colegas notoriamente limitados. A mi modesto entender hizo lo mismo Rodolfo Fogwill, en estas líneas.

[...] ese seleccionado argentino donde, a falta de mejores, se nos suele poner a Pauls, a Kohan, a Piglia y a mí.

FOGWILL

Más sincero era Borges, que se remitía a José Hernández o Sarmiento, y luego, apremiado para que nombre alguno menos muerto, decía que había quedado ciego hace mucho.

viernes, julio 09, 2010

Jhumpa Lahiri. Tierra desacostumbrada


Calificación: muy bueno.

Estos relatos son crónicas o historias de vidas. Casi biografías.
Siempre sentimentales y optimistas.
Me gustaron y admito que soy sensible a las historias románticas.

Todos los personajes pertenecen a un ámbito próspero o han logrado prosperar estudiando y trabajando. Todos reconocen en la honestidad una virtud. No incluir inmorales o fracasados es tomado por algunos críticos como una limitación de la autora. No comparto ese criterio. Muy contento me dejaron las conclusiones implícitas: el esfuerzo y el estudio son recompensados. No digo que excluir decadencia y fracaso sea un mérito pero tampoco lo contrario.

Copio acertados comentarios de otros lectores:

De La biblioteca de Asterión

[...] asuntos cruciales: el amor, el parentesco, el trabajo, la identidad, el sentido de vida, la muerte.
[...]
Pero, quizás, la mayor virtud de la escritura radica en su capacidad para suscitar emociones. Cada una de las historias del libro provoca ternura, ansiedad, turbación, pesadumbre o bien nostalgia.


Comentario de Hadrian Bagration en ese mismo blog.

"Unaccostumed earth" de Jhumpa Lahiri es, sin embargo, un compendio de argumentos generacionales al que la autora nos tiene demasiado acostumbrados. [...] este volumen es estrictamente correcto, nada hallará en él el lector para que su lectura se vista de asombro. [...] "Unaccostumed earth" es simplemente un retroceso respecto de "Interpreter of Maladies"


Este libro media entre Intérprete de emociones (cuentos, punto alto) y El buen nombre (novela, punto bajo). Por la calidad de las historias y por lo interesante de los personajes; en ambos casos está a mitad de camino. También por la extensión de los relatos que se han alargado.

viernes, julio 02, 2010

Ejemplo de gracia para un crítico


En las humanidades, las formulaciones colectivas son, de modo casi invariable, triviales (¿hay, después del Pentateuco, algún libro digno de consideración escrito por un comité?).

Geroge Steiner. Presencias reales