viernes, junio 11, 2010

Giuseppe Tomasi de Lampedusa. El Gatopardo


En 1860 se forma el país Italia. La aristocracia vieja pierde supremacía en las manos de los comerciantes más prósperos. Es decir, hay dinero nuevo, mucho, y se multiplica con más éxito que el viejo.
La novela relata los dos años de inflexión que marcaron el principio del fin del príncipe Salina. Más un epílogo veinte años después.
Calificación: bueno+.
El estilo es directo y agradable. No hay una trama especial, sino que es casi una biografía. Tampoco es un tratado de cinismo, como quizás sospeche alguien que solo conoce la célebre cita "es necesario cambiar todo para que nada cambie". Es un libro tranquilo con toques de sensualidad.
El principado está en Sicilia, así que trata de los antepasados de los personajes de Sciascia, que a su vez precedieron a los de Camilleri.

[...] el herbario [...], una sorpresa perturbadora: había sido llamado por la Municipalidad, donde le dijeron que, si no pagaba veinte liras cada año, no le habría sido consentido nunca más vender sus hierbas medicinales.
─¡Pero yo este sen... este estramonio, estas hierbas santas hechas por el Señor las voy a recoger con mis propias manos a las montañas, llueva o no llueva, en los días y noches prescritos! ¡Las seco al sol, que es de todos, y las pulverizo yo mismo, con el mortero que era de mi abuelo! ¿Qué tienen que ver con esto ustedes los de la Municipalidad? ¿Por qué tengo que pagar veinte liras? ¿Así, por la cara bonita que tienen? ─las palabras le salieron entrecortadas de la boca sin dientes pero los ojos se le llenaron de auténtico furor─. ¿Tengo razón o no, padre? ¡Dímelo tú!
[...]
─Tiene razón, don Pietrino, cien veces razón. ¿Por qué no habría de tenerla? Pero si no le sacan el dinero a usted y a los otros pobrecitos como usted, ¿de dónde van a sacar para hacerle la guerra al Papa y robarle lo que le pertenece?
[...]
─Se lo diré ahora en cuatro palabras: dice que no hubo ninguna revolución y que todo seguirá como antes.
─¡Qué tonto! Y a ti no te parece una revolución que el intendente me quiera hacer pagar por las hierbas creadas por Dios, y que yo mismo recojo? ¿O tú también tienes estropeada la cabeza?

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