viernes, abril 16, 2010

Doris Lessing. El cuaderno dorado

Esta es una novela grande. También es una novela de ideas. Sus temas son los de un par de mujeres, o un par de arquetipos femeninos, que calculo habrán nacido en 1925. El casamiento, el divorcio, el trabajo, el dinero, el arte, el feminismo, la amistad, el sexo, los hijos, la falta de hijos, Stalin, la guerra, la bomba H, la militancia, la hipocresía, la verdad, la psiquiatría, la mentira, el orgasmo vaginal (con perdón), el clítoris (con perdón), el Partido Comunista.
No faltan sucesos de las colonias africanas, donde los blancos se preparan para combatir a Hitler, el gran demonio que sostiene que hay razas mejores que otras.

Me contaba que durmieron juntos, con poco placer por parte de ella y ninguno por la suya ─«a pesar de que me esforcé, te lo aseguro»─ durante unas semanas; de pronto ella se encontró con que estaba embarazada y esto fue el fin de las relaciones sexuales entre ambos. En suma, un matrimonio inglés nada fuera de lo común.


Así como la Unión Soviética no existe más, casi todas las cuestiones abordadas ya no existen, al menos en los mismos términos.
Otro tema: el adulterio, y las relaciones sexuales insatisfactorias. Si hay que creer en este libro, el siglo XX para los ingleses ha sido, sexualmente hablando, un desastre.

Después de haber leído varios libros de Lessing creo que hay un tema que le quita la paz, ¿cómo criar un hijo que no odie a sus padres? ¿cómo amar y respetar a un hijo, y no producir un mocoso malcriado y consentido? Ese tema preocupa a Doris; su generación no conoció el respeto o el cariño de los padres, luego ellos lo han dado todo por sus hijos ¡que se malograron por completo! Pobres madres, pobres padres.


Copio un párrafo que no es representativo, pero sobre un tema que me atrae: el esfuerzo que llevaba y lleva la administración de un hogar.
Y ahora he de hacer la comida para Michael. Extiendo la ternera que esta mañana golpeé hasta dejarla bien plana, impregno los trozos con yema de huevo y con el pan rallado que tosté ayer y que sigue oliendo a recién hecho -incluso está crujiente, pese a la humedad del aire-, y corto los champiñones en rodajas, que luego mezclo con crema de leche. Tengo una lata de gelatina en la nevera, que hago derretir y condimento, mientras preparo las manzanas al horno que han sobrado después de cocer las de Janet. Separo la pulpa de la piel, que aún está caliente y crujiente, la paso por el colador, la mezclo con crema de vainilla y, una vez batido el conjunto, hasta que se hace espeso, lo introduzco de nuevo en las pieles de las manzanas y pongo estas en el horno para que se doren.


Calificación: bueno. Es extenso y me costó terminar. En las 100 últimas páginas Anne Wulf intenta convivir con un americano con esquizofrenia evidente, y esa parte es bastante aburrida.

2 comentarios:

  1. Me produce algo de melancolía tu entrada. Las citas son muy buenas.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  2. Estimado Ericz:

    Usted nos ha señalado una de las formas de la felicidad: agotar la obra de una artista de primera categoría, como Doris Lessing.

    Con respecto a 'El cuaderno dorado', la crítica erudita coincide en que se trata de la obra cumbre de la genial escritora. A mí, personalmente, me ha ocurrido lo mismo que a usted, creo: "La buena terrorista" me agradó más.

    Mis respetos
    G.B.

    ResponderEliminar