jueves, enero 21, 2010

Jan Wolkers. Delicias turcas

Dos jóvenes enamorados, tan enamorados que hasta se casan, que son muy pobres, ella sin ocupación, él escultor, ¿en qué ocuparán su tiempo? En copular sin desmayo. En esa cuestión de orificios se va la mitad primera de la novela, pero sin que nada lo hiciera pensar en un momento de celos él le pega, Olga se vuelve a la casa de su madre y se divorcian. Pasan varios años en los cuales cada tanto se entera de la vida de Olga. En el final están juntos de nuevo -de otra manera- pero no cuento más.

Lo raro es que los personajes no están definidos para nada, ni tampoco se relata como nace el amor, ni como se va. No obstante esas ausencias el libro convence. Hay muchas anécdotas circunstanciales que quizás tengan la clave. La alegría y la tristeza llegan al lector de alguna manera.
Calificación: bueno.

La editorial Libros del zorzal, es argentina y parece pequeña. La edición es muy agradable, empezando por la magnífica pelirroja de la tapa. Tradujo Diego Puls, que para las partes íntimas se limitó a escribir pija y concha, versión a mi entender irreprochable. Se agradece. Más discutible es que un holandés en los años sesenta, sobre una canción diga, "una especie de Solo le pido a Dios".

4 comentarios:

  1. Hola, soy Diego Puls, el traductor de la novela. Gracias por tu comentario elogioso. En cuanto al anacronismo de la canción: tenés toda la razón, pero te diría que trates de verlo como una especie de mentira piadosa o licencia del traductor, utilizada para acercar un poco al lector argentino una historia y una realidad que por momentos le pueden resultar bastante ajenas y confusas.

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  2. Otra cuestión interesante es el título, que en el final descubrimos que se trata de una golosina o un producto de repostería, pero yo nunca lo había oído nombrar. Hasta ese momento pensé que el título era una referencia oculta a algún placer o incluso a alguna mujer que aparecería a su tiempo. Si ese postre es conocido en Europa (o en Holanda) pero no en Argentina, ¿es correcta la traducción? Tan sugerente encima. Es decir un sustantivo propio se disfraza de común con un adjetivo nada liviano de acompañante.

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  3. Aquí otra vez el traductor...
    La elección de los títulos de novelas y demás suele obedecer a criterios a veces cuestionables de las editoriales. En este caso, como la película se había distribuido internacionalmente con el título inglés de "Turkish Delight", el editor quiso aprovechar una posible identificación rápida por parte del lector potencial. Cuestión de márketing, supongo. Dos puntualizaciones: a) en Argentina, la película (video, etc.) se comercializó con el título ligeramente sensacionalista de "Pasión obsesiva" (!); b) A muchos holandeses también hay que explicarles qué es esa golosina a la que se refiere el título, muy conocida en la cuenca oriental del Mediterráneo ("lokum" en turco), pero no tan corriente en Europa septentrional.

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  4. Entiendo.
    Más difícil hubiese sido "Bolas de fraile".

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