sábado, octubre 17, 2009

Gene Wolfe. La quinta cabeza de Cerbero

En la primer página, un hermoso ejemplo de postulación de la realidad en estilo indirecto.

El objeto del hipotético y muy valeroso ladrón no habría sido, por supuesto, meramente raptarnos. Los niños eran extraordinariamente baratos en Port-Mimizon, fueran varones o mujeres,



Empecemos por lo fácil, la calificación: muy bueno.
Ahora lo difícil, ¿de qué se trata?
Relato 1.
Un chico crece en un burdel en una pequeña ciudad de un planeta apenas colonizado. El chico es educado por un robot, Mr Million, y cuando crece tratado por su padre con drogas de tal modo que va perdiendo momentos de su vida en un olvido insalvable. Resulta que su tía, su padre y él mismo, son descendientes clónicos del hombre que prestó su matriz intelectual a Mr Million. Mata a su padre, cumple su pena, hereda el establecimiento y retoma los experimentos genéticos de sus antecesores.
Este relato es del género que combina ciencia ficción y fantasía medioevales.
Muy bueno. Que bien cuenta las historias Gene Wolfe.

Relato 2.
Es un cuento escrito por uno de los personajes accesorios del relato anterior. Se trata del contacto entre los aborígenes y los visitantes, pero los hijos de Sombra, son escurridizos por naturaleza, difíciles de ver, de tocar, de definir. Todo el relato está contaminado por la confusión. El efecto logrado es notable.


Relato 3.
Un oficial pasa una noche hojeando el expediente de un preso, hecho de transcripciones, declaraciones, grabaciones, diarios de viaje, apuntes de antropólogo. Porque el preso es el doctor Marsch, autor del relato anterior.
Aporta más datos sobre como fue la expedición del doctor a los páramos, que es muy interesante, pero lo esencial de esta parte es el funcionamiento kafkiano y horroroso del gobierno. Los espías, las cárceles, los procesos.
Brillante.


De todos modos, eso me dice el termómetro, el clima es templado; pero no parece templado: el efecto general es el de los trópicos. El sol, este increíble sol rosa, arde, todo luz y nada de calor, con tan poco intensidad en el extremo azul del espectro que detrás el cielo queda casi negro, y esta misma negrura es ─o me parece a mí─ tropical; como un sudoroso rostro africano, o las verdinegras sombras del mediodía en la jungla; y todo, las plantas, los animales e insectos, hasta esta disparatada ciudad, todo abona ese sentimiento. Me hace pensar en el langur de las nieves, el mono que vive en los valles helados del Himalaya; o en esos elefantes y rinocerontes peludos que durante las glaciaciones se mantuvieron en los bordes helados de Europa y Norteamérica.


Yo:-¿Y no los ven?
Dr. H:-Ah, ver un annés trae muy mala suerte. Por lo general, sin embargo, si alguien mira toman la forma de algún utensilio hogareño... Se transforman en una gavilla de paja, lo que sea.
Yo:¿De veras cree la gente que pueden hacer esas cosas?
Dr. H:¿Y usted no? Si no pueden, ¿dónde andan todos? (Se ríe).
Yo:¿No dijo que la mayoría vive "al fondo de más allá"?
Dr. H:Los páramos, el yermo. Es un término que usamos aquí.
Yo:¿Y cómo son ellos?
Dr. H:Como la gente; pero del color de las piedras, con grandes matas de pelo salvaje... Excepto los que no tienen pelo. Algunos son más altos que usted o yo, y muy fuertes; otros más bajos que niños. No me pregunte como son los niños de bajos.



─¿De qué hablan? ─dije.
─Hablamos del caso de usted ─dijo el de negro. El de Tránsito Urbano salió del cuarto y cerró la puerta.
─¿Y qué están diciendo?
─Que usted ignora las leyes de aquí. Que debería tener un abogado.
─Probablemente sea cierto pero no creo que estuvieran diciendo eso.
─¿Se da cuenta? Un abogado le aconsejaría que no nos contradijera en ese tono.
─Escuche, ¿ustedes son de la policía? ¿O de la oficina del fiscal?
[...]
─Esta noche nos han enviado a detenerlo.
─¿Con una orden de detención?
─Debo explicarle de nuevo que le conviene no ser detenido. Le digo francamente que si lo detienen es muy improbable que alguna vez lo pongan en libertad.
[...]
─Déle la tarjeta ─dijo el de negro.
Se la dí, y él, poniéndome una pesada mano en el hombro, dijo:
─Queda usted detenido.
*



P: ¿A quién planeaba asesinar aquí? No al hombre que mató, eso tiene el aspecto de una necesidad del momento. Alguien a quien no podía acercarse; una persona bien protegida.
R: ¿A quién se supone que maté?
P: Ya le he dicho que no estoy aquí para responder a las preguntas de usted. Responderle implica que atribuimos a sus alegaciones de inocencia una ligera verosimilitud, y no es así. La verdad viene de nosotros, no de usted. Nuestro gobierno es el más notable de la historia de la humanidad porque nosotros, y sólo nosotros, hemos aceptado como principio de funcionamiento lo que han enseñado todos los sabios y todos los gobiernos han fingido aceptar: el poder de la verdad. Y por eso gobernamos como no ha gobernado nadie. Usted me ha preguntado muchas veces qué delito cometió, por qué lo tenemos detenido. Es porque sabemos que está mintiendo... ¿Entiende lo que le digo?

3 comentarios:

  1. interesantismo, realmente. Gracias por el aporte

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  2. Acabo de terminar el libro hace cinco minutos...y me he metido en internet ipso-facto para ver las conclusiones a las que ha llegado la gente...es un libro muy bueno, pero muy complejo y difícil de entender a la vez...muy recomendable a los aficionados a la ciencia ficción.

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  3. No he llegado a muchas conclusiones, pero la novela la disfruté cualquier cantidad, casi siempre perplejo y asombrado.

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