domingo, septiembre 27, 2009

Gene Wolfe

Dicen que Gene Wolfe es un grande. Hace años leí La sombra del torturador, que es el volumen I de la saga El Libro del Sol Nuevo.
A veces no soy muy valiente: me dan miedo las películas de terror, y a la montaña rusa me subí una vez y nunca más me verán por ahí. Esto viene al caso porque tengo que decir: me pareció excelente y lo puse en el estante más alto de mi casa con la firme intención de no abrirlo nunca más. Es que el protagonista, Severian, pertenece -en una sociedad absolutamente gremial- pertenece, decía, al gremio de los torturadores, cuya actividad forma parte de la administración. Es uno de los servicios institucionales que comprende El Poder Judicial (por nombrar un equivalente moderno).
Y Gene Wolfe se despacha con parte del trabajo de Severian. La sofisticación y eficacia lograda en el arte de torturar han superado cualquier idea que ud. pueda tener. Yo no sé si hay que estar medio tocado para inventar eso, pero sí que hay que ser un escritor con todas las letras. Porque la impresión provocada es indeleble. Ahora, años después, las tripas se me estrujan, y tengo una bola en la garganta.
Lamento mucho haber leído ese libro. Por suerte nunca habitó mis pesadillas -pobladas de multas policíacas en general-, porque pensar que algo de ese mundo pueda ser real (aún como son ciertos los sueños mientras se sueña) me inquietaría mucho.



Pero el mundo da vueltas y voy a probar leyendo La quinta cabeza del Cerbero. ¿Alguién sabe si está inmaculada de torturadores o sadismo? Igual, al primer renglón que sospeche orientado al horror lo clausuro para siempre.

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