miércoles, septiembre 30, 2009

Eduardo Sacheri. Aráoz y la verdad

Sacheri busca el lenguaje verosímil y lo encuentra, tanto lo encuentra que llega al arquetipo, y quien dice arquetipo dice caricatura. Además tanta fijeza con el naturalismo de los personajes contamina su propia prosa, y termina escribiendo de un modo simple, alejadísimo de cualquier dificultad literaria.

La historia marcha muy lentamente pero mientras tanto las páginas las ocupan los detalles irrelevantes que aparecen por mirar muy de cerca lo que no aporta nada. ¿Qué importa cuantos golpes usa Aráoz para cerrar el auto, cuánto barro tenía y cuán gastada estaba la batería? Sacheri pone en el relato cada exacto paso que da el protagonista pero son impersonales, no le aportan nada al espesor del personaje. Aráoz es abandonado por su mujer y pasa cinco meses fumando en su cama; pero bien podría haber saltado en una pata de alegría; nunca se mostró si fue feliz o no con Leticia. Entonces su comportamiento no está decidido, es una decisión arbitraria del autor tomada en el momento.
Después de la mitad se pone mejor porque finalmente se concentra en la intriga, y se conoce la verdad, aunque Perlassi no llegó a aparecer (y esa ausencia es un buen punto). El viejo Lépori, que es el interlocutor de Aráoz, es un buen personaje muy bien logrado.

El problema final es la solución a la intriga. ¿Por qué jugó Perlassi corrido a la posición de ocho? ¿Qué pasó en la última jugada, cuando el tanque Villar corre media cancha y Perlassi lo persigue como puede. Y la solución dada es falsa. Para mí, que jugué aunque mal varios años en cancha de once, es falsa, falsísima. Esa explicación que mezcla el respeto que se deben con el fair play es disparatada. Es increíble que Perlassi crea que sí o sí va a tener una jugada que lo obligue a entrarle de mala fe justo al nueve rival. No lo creo.

Calificación: regular.

domingo, septiembre 27, 2009

Gene Wolfe

Dicen que Gene Wolfe es un grande. Hace años leí La sombra del torturador, que es el volumen I de la saga El Libro del Sol Nuevo.
A veces no soy muy valiente: me dan miedo las películas de terror, y a la montaña rusa me subí una vez y nunca más me verán por ahí. Esto viene al caso porque tengo que decir: me pareció excelente y lo puse en el estante más alto de mi casa con la firme intención de no abrirlo nunca más. Es que el protagonista, Severian, pertenece -en una sociedad absolutamente gremial- pertenece, decía, al gremio de los torturadores, cuya actividad forma parte de la administración. Es uno de los servicios institucionales que comprende El Poder Judicial (por nombrar un equivalente moderno).
Y Gene Wolfe se despacha con parte del trabajo de Severian. La sofisticación y eficacia lograda en el arte de torturar han superado cualquier idea que ud. pueda tener. Yo no sé si hay que estar medio tocado para inventar eso, pero sí que hay que ser un escritor con todas las letras. Porque la impresión provocada es indeleble. Ahora, años después, las tripas se me estrujan, y tengo una bola en la garganta.
Lamento mucho haber leído ese libro. Por suerte nunca habitó mis pesadillas -pobladas de multas policíacas en general-, porque pensar que algo de ese mundo pueda ser real (aún como son ciertos los sueños mientras se sueña) me inquietaría mucho.



Pero el mundo da vueltas y voy a probar leyendo La quinta cabeza del Cerbero. ¿Alguién sabe si está inmaculada de torturadores o sadismo? Igual, al primer renglón que sospeche orientado al horror lo clausuro para siempre.

sábado, septiembre 26, 2009

Increíbles tapas




Five for Friday, 9.25.09

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Los escritores

Sus aspiraciones literarias eran una política y, de un modo más decisivo, una táctica militar, empeñados como estaban en derrumbar los muros del anonimato, una barrera infranqueable a la que apenas unos pocos superaban en condición de privilegiados. Había rutilantes estrellas en el mapa de las letras, tipos que de la noche a la mañana se cubrían de dinero con libros pésimos, amparados por las editoriales, los suplementos, el marketing, premios literarios, películas horribles y las vidrieras de las librerías, que cobraban sus espacios de exhibición. Y todo eso asomaba en la mesa de los bares como un abigarrado campo de batalla que un escritor debía atravesar ya no en la aventura de la escritura, aunque algunos la iniciaban allí, sino apenas concluida. Los editores se quejaban de la ausencia de buenos libros, de "la bosta" publicada por las grandes editoriales, y cada cual tenía un reclamo indignado, una justificación de su fracaso, una ambición desesperada. En Buenos Aires, los libros se había convertido en centro de una alucinada guerra de estrategias, talento de ubicuidad y poder.

Carlos María Domínguez, La casa de papel

viernes, septiembre 25, 2009

Los lectores

Los lectores espiamos las bibliotecas de los amigos, aunque sólo sea por distraernos. A veces para descubrir un libro que quisiéramos leer y no tenemos, otras por saber que ha comido el animal que tenemos enfrente. Dejamos a un colega sentado en la sala y de regreso lo hallamos invariablemente de pie, husmeando nuestros libros.

Carlos María Domínguez, La casa de papel

jueves, septiembre 24, 2009

finales

Me parece muy bien esto que dice Eduardo Sacheri en una entrevista

Cuando escribo, no puedo evitar tener emociones parecidas a las que
tengo cuando leo. Me gusta que las cosas terminen bien. Me hace daño si
terminan muy mal, y también me hace daño escribirlas.
Cada día prefiero más las hstorias que terminan bien.
Eso sí, en las grandes obras de la literatura, casi no hay con final feliz. Dijo Dolina que una podría ser El gigante egoísta.

viernes, septiembre 18, 2009

Improvisando reglas

Este blog sigue permitiendo comentarios anónimos, y voy a borrar los comentarios que solo insultan. Porque como se sabe, una vereda limpia impulsa a los peatones a no ensuciarla.

Jon McGregor. Si nadie habla de las cosas que importan

Esta es la primer novela de McGregor, escrita además siendo muy joven, y creo que se nota. Que tiene más ambiciones que recursos.
En una calle ha sucedido algo muy malo. Y también tres años después se encuentran una de las vecinas con el hermano de otro de ellos. A la chica le pasa algo importante, y un tercio de la novela se va mientras el autor le pone suspenso al asunto; finalmente, ¡está embarazada! Tanto lío por eso.
El resto de la novela es relatar la vida de casi todos los vecinos. Y ese relato -que es lo más gordo- es también el punto flojo: lentas e inútiles descripciones, de por ejemplo como se derrama la carveza, gota a gota, dorada, fluyendo hasta encharcarse, reflejando la gloria del día o los cúmulos nimbus, bla bla bla, etc etc.
Y las vidas de todos esos vecinos son un plomo encima. Y tampoco tienen (esos personajes) historia pasada o futura, solo se cuenta (con alguna excepción por suerte) los días que pasaban en la vecindad.

Y en las diez páginas finales se devela que pasó ese día. Y en la última hay una vuelta de tuerca sobrenatural. Puaj, al peor estilo película de miedito.

Calificación: regular.

jueves, septiembre 17, 2009

Leonardo Levinas. El último final




Alguna vez llegué muy temprano, cuando todavía era de noche. Un día granizó, durante más de media hora, después garuó. Yo me había refugiado junto al quiosco de revistas debajo de un alero largo. Reflexioné acerca de si la venta de diarios y revistas podía aumentar en semejantes circunstancias; mientras tanto leía una historieta. El quiosquero me dijo que vendía casi el doble de lo que se vendía cuando no llovía. Eso me sorprendió.


Calificación: malo.

sábado, septiembre 05, 2009

César Aira. La serpiente


La lógica del relajamiento es la que ilustra la ciudad de Pompeya, donde de cada cosa puede decirse: como cayó, quedó.


Una vez más el lector pregunta un poco indignado, "¿Qué es esto? ¿Me están tomando el pelo?" No señor, es un libro de César Aira. Único, irrepetible, inclasificable. Relata el propio Aira que arrastra un problema desde chico, No salgo bien en las fotos, y quiere escribir un libro de autoayuda sobre el tema. Pero además está de excursión con su familia en Dinosaur City, donde el metabolismo se basa en el sulfuro, donde se rinde culto a La Serpiente, y donde además hay serpientes andando (tienen patas), hablando y razonando.
Pero se le fue la mano al autor. Demasiada fantasía, demasiado saltarín el relato. Escribe con fluidez en cada párrafo, pero el relato no tiene norte ni va dejando una huella. Aira tiene una enorme imaginación y en este libro se ha desbocado. No es aburrido (como El mago quizas) pero tampoco entretiene.


Nos interrumpió la Mâe:
¿Cuantos ejemplares vende de sus novelas, señor Aira?
Muy pocos. Cien como promedio.
No mienta, no sea modesto. Sé que La liebre anduvo muy bien.


Nunca hice espionaje. Lo que me interesó siempre es el contraespionaje, que es mucho más intelectual.


Me había detenido en seco, en la pose más maricona de todas. Un malestar insoportable extinguió todas mis inercias, los haces blandos...


La lengua puede transmitirlo todo: con un pequeño esfuerzo extra, hasta lo inefable se rinde a la gota lingüística que horada la piedra. Claro que eso puede comprobarse después, mirando por el agujero.


Si quiero responder, tengo que hacer algo que no me agrada, volver un paso atrás. Es inevitable, porque me han quedado cosas sin decir, y sin ellas no podría entenderse el desenlace, inminente por lo demás, de esta historia.
Yo al desenlace me precipito, ¡y cómo! Casi debería decir: me precipité.


¡Qué fácil es que la ficción se haga realidad! Pasa todos los días, y no porque tenga que pasar sino porque sí, por pasar el rato. Pasa...mientras tanto. Todo depende de la definición de las palabras.



Calificación: malo.

viernes, septiembre 04, 2009

criterios

Los miserables es un libro que leí en México hace muchísimos años y que dejé en México cuando me fui de México para siempre y que no pienso volver a comprar ni a releer, pues no hay que leer ni mucho menos releer los libros de los cuales se hacen películas, y creo que de Los miserables se hizo hasta un musical.

Roberto Bolaño


Que potencia tienen las imágenes en la memoria.
Por mi parte, con los libros que he disfrutado, me resisto a ver otras versiones.

jueves, septiembre 03, 2009

Juan Gabriel Vásquez. Alina Suplicante

Novela que no tiene nada de novedoso. Remite a los grandes novelistas de cualquier época.
Es una historia de amor, Julián y Alina empiezan a quererse, pero no son fáciles las cosas para estos jóvenes. Seamos indiscretos: son hermanos. Esta es en cuatro palabras la historia: incesto, ¿sí o no?

Ya dije que el relato carece de toda referencia contemporánea, y bien podría ser una de las intensas novelas de du Maurier, por nombrar una autora que conocemos todos.
La historia se arma de a poco mientras los personajes se van dibujando. Y ambas cosas están muy bien desarrolladas, la historia con sus idas y venidas, y los personajes principales y los secundarios, con cada capítulo cada vez mas reales. La historia sucede un poco en Colombia y un poco en París.

La prosa se abstiene de cualquier jerga o lunfardo y cuando aparecen aquí o acullá algunas palabras extrañas se nota que corresponden a alguna modalidad que el castellano tomó en Colombia, o que en Argentina cayó en el olvido. Digo, Vasquez escribe en el castellano de Cervantes, tal como maduró en América hasta hace algunos años, en que muchos escritores han preferido acentuar sus rasgos provinciales, y escriben para la tribu de su barrio.

Calificación: muy bueno.