sábado, mayo 30, 2009

enlaces destacados de la semana

Una vida de aventuras: Reportaje a Robin Wood

[...] acordate que yo no tenía casa, yo dormía donde podía, y después empecé a trabajar en las fábricas, en Buenos Aires, que fue el período más terrible de mi vida. Pasé entre cinco y seis años en fábricas, con los sueldos de aquella época, viviendo en pensiones con cinco camas por cuarto, y había esas cocinitas que había que pedalear, con querosene. Entonces en esos cuartos cocinábamos ahí, vivíamos de eso. Hasta hoy en día mi hígado ha quedado... porque eran hamburguesas con huevos fritos, con la grasa y todo eso, y trabajábamos generalmente seis días a la semana. Desde las siete de la mañana hasta las seis de la tarde. Y vivíamos así, de eso. Yo era una bolsa de huesos, muy flaco, tenía granos por la mala comida, la mala alimentación, etcétera... Y yo quería ser dibujante. Era un pésimo dibujante.


La humillación
Pedro Mairal sobre Messi y Cristiano Ronaldo, sobre la vocación.
Además era fútbol 5 que, comparado al fútbol de 11, es casi lo que el golfito es al golf. Pero jugaban bastante bien. De todas formas fui, participé, durante un tiempo hasta logré divertirme. Me gritaban “¡bien, igual!”, me ayudaban a descolgar la pelota del árbol con paciencia, me integraban. Pero yo tocaba mal, salía mal, mis pases no eran confiables, mi única ventaja era que, como ya ni me marcaban, a veces me paraba solo cerca del arco y definía los pelotazos cruzados.

domingo, mayo 24, 2009

costumbrismo

Empiezo a ver una película que se llama Whisky, que me parece que es uruguaya. Y en seguida me doy cuenta que argentina no es, porque los actores hacen algo que jamás he visto en las películas argentinas. Comen con la boca cerrada.

viernes, mayo 22, 2009

Andrea Camilleri. La forma del agua

Una más de las novelas de Salvio Montalbano. La trama es buena pero no excepcional. Montalbano está lejos de Livia (su novia digamos) y mientras investiga el caso es tentado por veinteañeras y por suecas corredoras de rally. No contemos si resiste o qué.

La traducción está libre de la plaga de los leísmos. Gracias señora traductora, Gracias María Antonia Menini Pagès.

Calificación, buena.

miércoles, mayo 20, 2009

Ursula K. Le Guin. Los dones

Soy devoto de Le Guin y me animo a dividir su obra en tres partes: las historias del Ecumen, las historias fantásticas -Terramar- y otras historias en ámbitos cercanos.
Esta novela pertenece al grupo de la fantasía. En las Tierras Altas (por oposición a las llanuras donde se vive en ciudades) todavía la organización es feudal. Cada señorío es defendido por el mejor representante de la familia jefe. El mejor es el que con más arte domina su don. Su don es un poder sobrenatural, determinado, que se hereda de padres a hijos o de madres a hijas. Existe el poder de mandar a los animales, el poder de hacer fuego, el poder de deshacer (desde nudos a personas), y otros así. En ese ámbito Le Guin desarrolla su historia, la de un par de jóvenes que deberían ser los sucesores en sus respectivos señoríos. Que por otra parte son muy pobres. En las Tierras Altas son más pastores que otra cosa.

Calificación: muy buena. En su género, valga la aclaración.

viernes, mayo 15, 2009

Ted Chiang. La historia de tu vida

Calificación: excelente.

En la vida del lector existe la inocencia, y la primera vez que nos cuentan la historia del hombre que viaja al pasado y conoce a sus padres, podemos maravillarnos. Pero a partir de ese debut no es lo mismo. Y este fenómeno (la sensación de recorrer senderos conocidos) se extiende sobre la ciencia ficción como una sombra; entiendo que muchos lectores abandonan el género por este motivo.
Dicen que este libro de Chiang es absolutamente canónico, que en él se cruzan todas las líneas de la ciencia ficción. Concluyo que tendrá que ser muy bueno para revivir en mí lo que sentí al recorrer por vez primera los paisajes de esas invenciones.

En el prólogo de Crónicas marcianas, Borges dice "me ha sido dado revivir" trayendo a colación su lectura infantil de Wells. Algo parecido me ha pasado; volví al asombro.
Comento los más impresionantes.



La torre de Babilonia
La famosa torre de Babel no parece un tema muy original. Pero Chiang escribe un cuento maravilloso: construyen y construyen la torre, con ladrillo y brea. En los descansos los trabajadores especulan sobre Dios. Llegan la cielo, ¡tocan la bóveda celeste! No solo eso, arriban los mineros egipcios con picos, cuñas y escoplos para perforarla. Fantástico.

La historia de tu vida
Otro tema clásico: lo que vendrá, ¿está escrito? ¿ya lo sabe Dios?

De igual forma, el conocimiento del futuro era incompatible con el libre albedrío. Lo que hacía posible que yo ejerciera mi libertad de elección también volvía imposible que conociera el futuro. Y al contrario, ahora que conozco el futuro, nunca actuaría contra ese futuro, incluyendo decirles a los demás lo que sé: los que conocen el futuro no hablan sobre él. Aquéllos que han leído el Libro del tiempo nunca lo admiten.

Voy notando el método de Chiang. Intercala la crónica pura con una historia personal. Claro que la vida de los protagonistas no es ajena a los acontecimientos. En este una científica que ayuda a traducir el idioma de los extraterrestres, cambia radicalmente su manera de entender el tiempo y su vida. Cuando termina no diré que se me escapó una lágrima, pero sí que se me pusieron los pelitos de punta. Me emocionó. No pido más.


Setenta y dos letras
Mejunje genial y estremecedor: autómatas, cábala, universo lexical, genética, combinatoria, homunculus, termodinámica, Royal Society, mandrágoras, economía y política.
Tallados en esteatita y pulidos hasta quedar bien suaves, calentados a temperatura humana y recubiertos de aceites aromáticos, estos autómatas alcanzaban precios sólo superados por los que se ofrecían por íncubos y súcubos.



El Infierno es la ausencia de Dios
Es la historia de tres personas y qué tanto aman a Dios. Pero Chiang imagina un mundo donde los ángeles visitan la tierra muy seguido haciendo milagros a la vista de todos. Natael, Rashiel, Barakiel y otros. Hacen milagros y no dan respuestas.
las palabras de despedida del ángel, que habían resonado por todo el escenario de la visitación, fueron las típicas: Contemplad el poder del Señor.

También cada tanto pasan por la tierra ángeles caídos, dedicados a sus propios asuntos,
¿conocían las intenciones de Dios? ¿Por qué se habían rebelado? La respuesta de los ángeles caídos era siempre la misma: Decidid por vosotros mismos. Eso es lo que hicimos nosotros.

Algunos sitios alejados son visitados con cierta frecuencia, y se transforman en destino de peregrinos.
El aspecto del lugar sagrado era una lección práctica de lo que pasaba cuando los reinos celestial y terrestre se tocaban: el paisaje estaba cruzado por ríos de lava, anchas grietas y cráteres de impacto. La vegetación era escasa y efímera, pues su crecimiento se restringía al intervalo entre la llegada de tierra nueva por las inundaciones o los torbellinos y el momento en que ésta era arrancada de nuevo.

Los ángeles tienen una difícil entrada al mundo mortal: se rasgan los cielos y la tierra, la luz celestial es cegadora, tiemblan los suelos.
Existe el Infierno (todos los suicidas se hunden en él sin excepción), y cada tanto el suelo se transparenta y es posible ver a los condenados que sufren la ausencia de Dios, eternamente. Cuando muere alguien (hasta los nonatos) todos ven su almita subiendo al Paraíso o bajando al Infierno.


Notas sobre los relatos
Algunos comentarios del autor. Muy interesante. Cualquier dato que me permita entender como se ha inspirado Chiang es bienvenido.
Dice lo que había notado yo, el parentesco de uno de sus cuentos con Matadero 5.


PD: Este libro no ha llegado a Argentina, lo leí en una compu, lo cual no me place demasiado pero sabía que no tenía otra posibilidad. Se encuentra en un sitio con mucho material, quedelibros.com
¿Ya lo dije? Absolutamente asombroso.

miércoles, mayo 13, 2009

martes, mayo 12, 2009

Aira responde sobre Canto castrato


—“Canto castrato” (1984) se desenvuelve en un ámbito que actualmente se considera alta cultura: la ópera barroca. Sin embargo, usted trata ese entorno operístico como un medio en el que impera el gusto por el simulacro, un artificio de apariencia sofisticada que se sostendría gracias a la improvisación y a que, en realidad, no interesaba realmente al público que asistía a las representaciones. ¿No hay en esta novela una crítica implícita a la situación alta cultura entonces y hoy en día?

—En esa época yo hacía informes para una editorial, por lo que leía muchísima “comercial fiction” norteamericana. Estaban de moda, en la estela que había dejado el éxito de El nombre de la rosa, los “best sellers de calidad”: la “calidad” la ponían los temas, que casi siempre eran de tipo “cultural”, tomados del catálogo de la alta cultura. El tratamiento era de “baja cultura”, con filtro californiano. Cometí el error de pensar que yo también podía hacerlo. Esas cosas no se pueden hacer desde afuera. Se necesita mucha sinceridad, mucha convicción, para escribir mal. Además, ahí me demostré lo poco que me conocía a mí mismo y a mis posibilidades, porque lo mío es exactamente lo contrario: es el tratamiento de alta cultura de un material de la cultura popular. Esto me ha traído recuerdos. Aquella editorial para la que yo hacía informes (“lecturas”, se llamaban), era la más grande de la Argentina, y había hecho millones con Stephen King, Sidney Sheldon, Wilbur Smith y cosas así. Yo era amigo del dueño, que sabía perfectamente que cualquier cosa que estuviera por debajo del nivel de Henry James a mí me parecería malo, y aun así leía con el mayor interés mis informes, escandalizadamente negativos, sobre Stephen King, Sidney Sheldon, Wilbur Smith. Supongo que los leería “al revés”, y quizá toda la relación de alta y baja cultura se resume en esta inversión, y toda la teoría está de más.


A mí Canto Castrato me gustó. Parece que más que al autor.

fuente: Perfil El periodista pregunta sobre los libros de Aira como si los hubiera leído; no son las preguntas de siempre. Quizás las respuestas sean las de siempre, eso es normal.

domingo, mayo 10, 2009

Julian Barnes. Amor, etcétera

Diez años después de generar un triángulo amoroso y resolverlo, Barnes vuelve a sus personajes, y a su esquema de novela coral. El resultado es mejor que la primera parte.
Quizás la edad del lector es importante; entender los avatares de diez años de matrimonio (e hijos) no es pan comido para solteros inocentes. Para quien ha pasado ese desierto, el paisaje matrimonial de Oliver y Gillian es como el arroz para los chinos.

Si en la primera parte el rasgo principal es el romance, en esta es el suspenso. Hay mucho suspenso porque Stuart arma su juego -un plan impecable- para dinamitar el matrimonio de su ex mujer y ex amigo. Pero Oliver quizás tiene una carta en la manga. ¿Qué pasará?

Calificación: muy bueno.

sábado, mayo 09, 2009

Ariel Magnus. Muñecas


Un libro más de un joven argentino, breve, escrito en correcta prosa, del cual solo me puedo preguntar ¿qué quiso escribir Magnus? No lo sé.
Pasan algunas cosas, hay unos personajes, pero ¿hay una trama? ¿alguno de los personajes parece un poquito verosímil? No y no. ¿Escribe con algún estilo? no.

En un momento leo "cogí el sobretodo", sobresaltado busco los datos de la edición y descubro que ganó un premio en España; ¿Eso explica que use la acepción peninsular de coger? Puede ser.

Calificación: plomazo.

Mini biografía de McCullers

Literatura extranjeraCarson McCullers y la iluminación

Ráfagas de visión le revelaban a la escritora estadounidense el mundo de una novela o un relato. Esos instantes de poética lucidez le permitían recrear, a menudo, episodios de una vida dramática que enfrentó con entereza

lanacion.com | ADN Cultura | Sábado 9 de mayo de 2009

miércoles, mayo 06, 2009

Umberto Eco. El péndulo de Foucault

Séame permitido comparar con El nombre de la rosa, novela por otra parte para nadie desconocida.
Es muy parecida en cuanto al tono y la prosa. También son aventuras de libreros (o lectores al menos). Diría que El nombre... es más serio; este tiene momentos risueños o cómicos, y también de ternura.
En El nombre... la trama es perfecta, y en este no está bien definida; solo esa objeción me quedó: porque el final no parece plausible, ¿cómo es que se transforman esos nigromantes de pacotilla en una secta asesina? Medio raro. Por lo demás es muy entretenida. Tiene muchos episodios hermosos, quizás el mejor es la ceremonia umbanda. Solo el final -policial- no me gustó.
Sin tener una historia tan buena para contar, Umberto Eco demuestra estar afianzado como novelista.
Hay algunas páginas escritas por uno de los personajes, los files, donde Eco juega con su enorme cultura, pero esas disgresiones producen menos interés que aburrimiento. Y eso que todavía no existía la www, puesto hoy a relacionar información, no tendría límites.

Calificación: buena (no tanto como ELNDLR).