sábado, noviembre 29, 2008

Jorge Luis Borges. El cómplice

El último libro de Borges es Los conjurados, de 1985. Y no tiene ninguna novedad ni maravilla; no se podía esperar una epifanía; ya estaba muy viejito Borges.
Pero el penúltimo libro, La cifra, de 1981, es brillante. Y algunos de sus poemas los veo como testamentos: conclusiones largamente pensadas que deja al mundo. Pienso en El ángel, también en Los justos, La fama, El ápice.

Pero quería decir otra cosa. En mi edición, la 6º, de Emecé, julio de 1986, el índice indica para la página 81, El júbilo. Y en la página 81 hay un poema que se llama Él cómplice. Entre paréntesis, fue recitado innumerables veces por Guerrero Martinheitz en su programa de radio; una maravilla.

El cómplice

Me crucifican y yo debo ser la cruz y los clavos.
Me tienden la copa y yo debo ser la cicuta.
Me engañan y yo debo ser la mentira.
Me incendian y yo debo ser el infierno.
Debo alabar y agradecer cada instante del tiempo.
Mi alimento es todas las cosas.
El peso preciso del universo, la humillación, el júbilo.
Debo justificar lo que me hiere.
No importa mi ventura o mi desventura.
Soy el poeta.


El asunto es durante años pensé que El cómplice y El júbilo eran dos poemas distintos, y que habían impreso uno, y en el índice puesto el título del otro. Buscando en la interminable internet me doy cuenta que hay un solo poema con dos títulos posibles. Y que El júbilo es la opción elegida por los editores. Digo, El cómplice no aparece nunca como título del poema de Borges. Pero a mí que no soy nadie, me gusta más.

Amable lector que tienes otra edición o las Obras Completas, ¿cómo aparecen estos versos?

jueves, noviembre 27, 2008

César Aira. Las curas milagrosas del Doctor Aira



Me gusta pensar que cada libro debe ser apreciado sin mirar al autor ni sus obras anteriores. Parece ser que para el caso Aira no es un buen pensamiento. Que los libros de César Aira -sesenta por ahora- deben ser vistos sin perder la perspectiva: ver la larga cadena de obras y la trayectoria que forman; como en el poema de Borges esa vasta algarabía de líneas es el retrato del autor. Para aquellos que se interesan en las ideas de los escritores esta novela tiene mucho material. Por algo el protagonista es el Doctor Aira, nada menos, que planea entregar su obra la mundo en forma de fascículos...

Hay muchísimas cosas que una novela no dice, y esta ausencia hace posible que en su universo restringido tenga lugar la acción. Con lo que la novela también es un antecedente del Milagro, porque justamente en virtud de lo que se excluye es que pueden suceder los acontecimientos de los que se ocupa la novela.


Por ahí lo nombraron a César Aira como El mago de Pringles. Y esta novelita parece un show de magia. Un autor con galera y varita capaz de sacar cualquier cosa de la chistera, una zanahoria, un conejo, un elefante. Esta novelita es disparatada, pero no aburrida, es como la magia, sorprendente por sobre todo.
Le habría pasado de todos modos porque había llegado la hora, pero en los hechos lo que desencadenó la revelación fue un incidente que vino a interrumpir sus trabajos editoriales antes de que los hubiera podido iniciar.

El Doctor Aira sabe realizar curas milagrosas, aunque nunca ha hecho una todavía.
Tiene una fama modesta y un archienemigo que trata de desacreditarlo. Está pensando como explicar sus conocimientos al mundo. Pero sin contar que puede realizar milagros en el resto de su vida es bastante torpe. Y la posibilidad de milagrear no la tiene desde que nació, sino que pensando en la estructura del universo razonó que hay una manera de reorganizar la realidad.
¿Se entiende la situación? Nunca hizo un milagro pero nadie duda que puede hacerlo. Es maravilloso.

Y en el final empieza a hacer el milagro. Una hora estima que le va a llevar devolverle la salud a un agonizante desahuciado. No contemos el final de la novela (aunque no puedo resistirme a decir que me recordó de inmediato a Le Guin, La rueda celeste).
El relator de la novela es omnisciente y cuenta desde el punto de vista de la mente del Doctor Aira; cuando hay episodios de acción (un par de veces) me gusta enormemente la narración.

Calificación: buena.

sábado, noviembre 22, 2008

Eduardo Mendoza. La ciudad de los prodigios

Esta novela empieza a todo ritmo y promete multitud de aventuras. Pero pierde el norte y no termina muy bien. El autor tiene una prosa hipnótica, con ritmo y armonía. Y cuando sigue de cerca la acción la novela es un encanto. Pero después de un tercio empieza a flaquear el argumento; cuando tiene que manejar el paso de las décadas no lo hace bien. Resulta forzada la aparición adulta del joven protagonista, que se llama Onofre y cuyos comienzos en la vida de los negocios turbios está magistralmente narrada; pero no su evolución hasta ser el hombre más rico de España.
Calificación: buena. Me gustó la prosa y veremos como encontrar más libros de Eduardo Mendoza. En algun blog que sigo es muy recomendado, ahora no me acuerdo en cual.

sábado, noviembre 08, 2008

Un poco de contracultura


Aclaro que sigo la definición de contracultura que da Jorge Bosch (profesor y decano), y que no tiene nada que ver con lo que dice la wikipedia (lo acabo de comprobar).

Tengo en mis manos un cuadernillo de cinco hojas producido por el Ministerio de Educación, y que ha sido entregado a todos los maestros, y que se llama Sugerencias para la lectura en voz alta. Parece que forma parte de una acción que se llama Plan lectura.
Y -diría Jorge Bosch- es un buen ejemplo de contracultura. Para abonar esa tesis voy a analizar apenas unos renglones.

A continuación copio uno de los ítems indicados como estrategias y sugerencias:

  • Los textos no deben tener moralejas ni contenidos religiosos, teniendo en cuenta el carácter laico de la educación. Evaluar siempre los gustos de los alumnos, su contexto cultural, y el respeto por los derechos humanos, la tolerancia y la defensa del espíritu democrático.



  • Como la primera oración trata de los textos a elegir, supongo que la segunda oración también trata de los mismo, aunque la redacción sea confusa.

    Los textos no deben tener moralejas
    O sea, no deben tener lo que se encuentra en las moralejas, no deben moralizar, no deben distinguir entre lo bueno y lo malo, y no deben postular que existen comportamientos mejores que otros, no deben negar que "lo mismo un burro que un gran profesor". No deben aleccionar sobre comportamientos correctos e incorrectos, no deben postular la relación entre los actos y las consecuencias, no deben plantear la existencia de la reponsabilidad. Es tan feroz la imposición de la demagogia como manera de relacionarse con los alumnos que ni siquiera se permite la lectura de moralejas. No vaya a ser que se sientan criticados.


    ni contenidos religiosos, teniendo en cuenta el carácter laico de la educación.
    Como justificación de la censura es lamentable. Que la escuela no tenga nada que ver con la religión, ¿significa qué no puede nombrarse? ¿qué hay comportarse como si no existiese ni hubiese existido jamás?
    Son muchas más cosas las que la escuela no nombra que las que existen, ¿deben ser borradas de la lectura? Si esto no es orwelliano, ¿qué es?
    Supongo que en realidad el Ministerio piensa, como yo también pienso que sin i..., ni s..., ni m... [ponga aqui todos los templos que quiera], el mundo será mejor. ¿Debo abstenerme de nombrarlos para siempre? ¿Debo quitar de mi biblioteca antes de que la aborden mis hijos a ... y a ...? casi todo.


    evaluar siempre el gusto de los alumnos
    ¿No sería mejor evaluar el gusto de gente más preparada? Los maestros por ejemplo. Pero sería ir contra uno de los pilares de la contracultura, sería pensar que existen jerarquías y que hay obras artísticas superiores, y sobre todo pensar que hay personas con más capacidades que otras. La contracultura presupone que nadie tiene más capacidad de apreciar que otra (y menos que menos que haya diferencias que surgan del estudio), y como corolario, la seguridad de que nunca una obra puede ser mejor que otra.

    evaluar siempre el [..]contexto cultural [de los alumnos]
    Más allá de no leerles en alemán, ¿qué importa lo que saben al lado de lo que pueden aprender? Justamente es la escuela el lugar donde se aprende lo que no enseña la vida ni la calle. El contexto cultural de los chicos son los amigos y la televisión, ¿qué bueno pueden aportar a la elección de un libro? La literatura anterior a 1990 curiosamente no nombra a internet, ¿entonces no aprobaría esa evaluación?

    Evaluar siempre [...] el respeto por los derechos humanos, la tolerancia y la defensa del espíritu democrático.
    Sin hilar fino con consideraciones de mala fe, como sería decir que la tolerancia es una virtud (¿y las demás?), que antes de 1770 no puede encontrarse democracia en la historia de la humanidad y que los derechos humanos se conocen como tales con posterioridad a la segunda guerra mundial, sin hilar fino repito digamos que la literatura es más bien indiferente a estos conceptos a evaluar, y que solo se encuentran con facilidad en obras muy recientes, ¿qué hay que hacer entonces? ¿Ponerle mala nota a todas las historias de reyes, piratas, indios, etc, etc?


    Los resultados de la educación estatal en las últimas décadas hacen pensar que algo está muy mal en el sistema. Los órdenes de responsabilidad se corresponden con el poder, entonces, los políticos y los funcionarios son la cabeza del desastre.
    Este ínfimo cuadernillo gasta una página entera en la impresión de los nombres de todas los funcionarios relacionados con su creación. Este comportamiento tan típico da pena y vergüenza. ¿No pueden hacer mejor las cosas?

    domingo, noviembre 02, 2008

    Rudyard Kipling. La luz que se extingue


    Esta novela es la primera de las tres que escribió Kipling. Es muy corta y mucho más desarticulada que las demás. Tiene varios episodios pero los eslabones que los unen no son muy fuertes; entonces el pintor exitoso de la parte central es el estudiante de la primera parte pero la continuidad del personaje no está bien hecha.

    Tiene mucha intensidad en varios momentos, tiene descripciones de la naturaleza brillantes. Tiene algunas reflexiones sobre el arte, el público y la masividad muy interesantes.
    Lo más flojo es la historia de amor. Los personajes son demasiado orgullosos o altaneros.
    Pero el personaje de la basurilla, la sirvienta viciosa recogida del arroyo está muy bien hecho.

    Calificación: regular.

    sábado, noviembre 01, 2008

    Leonardo Sciascia. El día de la lechuza


    Esta novelita es testimonial. Fue publicada en 1961, y el autor reconoce haber quitado partes y omitido nombres para evitarse problemas. Así que suponemos que en su momento fue -como lo dicen- un verdadero balde de agua fría sobre aquello que no se nombra.

    Los Estados Unidos de América pueden tener, en la narrativa y las películas, generales imbéciles, jueces corrompidos y policías canallas. También Inglaterra, Francia (al menos hasta hoy), Suecia, etc., etc. Italia nunca los ha tenido, no los tiene, no los tendrá jamás. Es así.

    Pero en el 2008 ya nadie ignora que la mafia existe y esta revelación para nosotros que vivimos en otras regiones resulta un poco débil; aunque los argentinos podemos reconocer la familiaridad de ciertos procederes impíos.
    Como novelita es bastante buena. No es un mal complemento para agregar a la saga del comisario Montalbano. Serían los fieros abuelos de los paisanos de Camilleri.