sábado, octubre 25, 2008

Cortázar-Dunlop. Los autonautas de la cosmopista

Libro que llegó a mis manos muy recomendado. No le pesqué la magia; estaré un poco viejo o machacado por los baches de la prosaica vida del burgués, pero no me maravilló. No suspendió mi incredulidad; no entendí la gracia del viaje atemporal Paris-Marsella.
Cortázar y Carol Dunlop deciden demorar 33 jornadas en llegar a Marsella. Se detendrán en todos los paradores, a razón de dos por día. Y lo hacen. Duermen en su furgoncito, o en los moteles. Hacen picnic o comen en restaurantes. Escriben. Comen y beben, hacen el amor. Siempre a la vera de la ruta. Sacan fotos (que están incluidas). Admirable vida de novios, estando Cortázar por los sesenta y ocho y Dunlop varios menos.
Cortázar escribe como un porteño canchero, dialoga con el "paciente lector" y lo trata como un viejo amigo con el que compartieron jornadas juveniles y pueden hablar sin hacerse nunca lío entre tanta sutil ironía campeante: muy agradable de leer. Dunlop escribe como una mala imitadora del joven Cortázar de los años setenta.
¿Qué más? Se nota que se llevaban entre ellos muy bien.

2 comentarios:

  1. Leí una edición, hace años, que donaba una parte de la recaudación de la venta del libro a la revolución sandinista.
    Cuando veo un Dafne o un frasco de Nescafe me acuerdo de ese libro.
    saludos

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  2. Me encanta este libro. Lo leí mientras viajaba, y le leía los fragmentos que más me gustaban en voz alta a mi novia (que no me llevaba tantos años como Carol a Julio). Quizás eso hace que mi lectura haya estado teñida de mucho cariño y disfrute.

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