sábado, septiembre 27, 2008

John Banville. La carta de Newton

Hay que sacarlo todo afuera, como la primavera, cantaba Piero pero jamás podrán entender que quiso decir en las islas británicas, regiones notorias por amistades que prescinden de la intimidad en el comienzo para campear luego en el silencio

Edward farfulló unas palabras y salió del cuarto. Bunny observó cómo la puerta se cerraba tras él y entonces se volvió con ansiedad hacia Charlotte.
-¿Cómo está?
Ojos encendidos, muriéndose de ganas de saber, dime, dime....
Hubo un momento de silencio.
-Oh- dijo Charlotte-, no... quiero decir... no está mal, ya sabes.
Bunny puso la taza en la mesa y se sentó, su rostro podía muy bien ser un estudio de dolor y compasión, su cabeza se movía de un lado a toro.
-Pobrecita de ti, pobrecita... -Entonces me miró a mí-. Supongo que usted sabe de qué se trata... ¿no?
-No- dijo Charlotte instantáneamente.
Bunny se tapó la boca con la mano.
-Ay! Lo siento.
Edward volvió con la botella de whisky.

Novela corta de ingleses (irlandeses también). Señores que toman té, son más pobres que sus padres, viven entre la niebla, el rocío, el sol y la nieve. Jóvenes rubias de piel muy blanca. Honestidad y orgullo.
El protagonista no consigue terminar de escribir un libro sobre Newton y desorientado pasa una temporada de inquilino en la casa de Charlotte. Donde vive su sobrina Olivia, de la cual se hace amante. Hay un niño de cinco años, y hasta el final no se sabe quién es su padre, quién es su madre. Porque al huésped no se lo dicen y obviamente él nunca lo va a preguntar.
Son pocas páginas. Se trata de la vida intramuros de una familia donde las cosas no marchan muy bien y sobre eso no se habla.

Calificación: bueno.
No me pareció tan lírico como dicen que es Banville. Quizás la traducción no pudo con todo.

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