sábado, agosto 30, 2008

Carlos Gamerro. Las Islas

Los funcionarios cada tanto organizan cosas como "Campaña Nacional de Promoción de la Lectura y el Plan Nacional de Lectura" nada menos, o ponen carteles que dicen cosas como "Mi libro es más grande que el tuyo. Libros para hombres.", pero nadie cree que sirvan para nada, se hacen porque hay que mover la economía (la propia por sobre todo).

Un estímulo mucho más eficiente es el transporte público. Obligado a pasar muchos minutos cada día, por un repetido paisaje de río de automóviles, o mucho peor, un conjunto monótono de caras de bragueta, en esas circunstancias, poner la vista en la hoja escrita es entrar en un oasis. Y cuarenta minutos después podemos decir que mientras nuestro cuerpo era transportado unos modestos kilómetros en realidad viajamos mucho más lejos.
Sea esta introducción buena para explicar como llegué a la página trescientos de Las Islas. Digo que hasta aquí no me gustó.

Porque la novela está escrita con bronca, en un frenesí furioso, y es desenfrenada. Pero estos atributos no hacen buena literatura en este caso. Cada suceso está forzado hacia la demasía. Es demasiado, dice a cada rato el lector. Entonces se va deformando lo que parece una novela de acción, pasa a otro género, a la sátira quizás; los sucesos se exageran y resulta un poco grotesco todo. Si Felipe Félix se relaciona con una chica, una señora madre en realidad, ¿es necesario que además sus hijas gemelas tengan el síndrome de Down? Después, muchas páginas después resulta que hay una razón buena, pero en ese momento, en la página 300 aparece como una exageración más. Porque hay por todos lados: por más que el viejo Tamerlán sea el epítome del déspota, y sus empleados acepten ser esclavos, no es posible construir una torre de treinta pisos donde todas las paredes sean de vidrio y desde el piso más alto se pueda ver hasta la planta baja. Estos excesos, y otros no menos importantes, le quitan credulidad al lector. Tamerlán es increíblemente malvado, ¿hacía falta que su papá sea carcelero en un campo nazi? Los otros excesos nefastos son los discursos gratuitos. Todos los personajes tienen su discurso para decir, que no aporta más que alargar los capítulos.
Pero justo en la mitad de la novela aparece un personaje nuevo, el mayor X. Y se pone la cosa mucho más entretenida. Porque por donde pasa el mayor X la novela es perfectamente creíble. Es raro porque este personaje también está en el borde de todo: torturador, violador, casado con una de sus víctimas, enloquecido combatiente en Malvinas, autor de un diario insano, perdido para el resto del mundo, inventor de la leyenda del Tatú cordobés, y así. Gamerro se despacha con todo, no se guarda nada. Pero, ya lo dije, así como por donde pasa la familia Tamerlán la novela es un plomo, por donde pasa el mayor X es atrapante.
También en la segunda mitad se evoca la guerra de Malvinas, y algunos sucesos están bien narrados, desde la tristeza que da esa guerra de perdedores. Y los combatientes que sobrevivieron también están bien pintados. Los soldados y los oficiales. Todos desbaratados por esos tres meses de frío y muerte. Cuando con sus FAL y sus FAP el grupito de Felipe Félix defiende la casa de la novia porque "vuelven los ingleses", en su locura, ese triunfo contra la banda de los malos, es una recompensa apropiada. Absurda pero victoria al fin. Y si en su fantasía es la revancha, que lo disfruten. ¿Qué culpa les cabe? Pobres soldados.

Entonces termina el lector en lentos viajes toda la novela, y queda satisfecho.

La catarsis es la eliminación figurativa de emociones especialmente pena y miedo, a través de la palabra. Este libro parece escrito con urgencia, en un rapto incontenible. Por su edad Carlos Gamerro podría haber combatido en Malvinas, pero no estaba reclutado; la ferocidad de la novela sale entonces de sus dotes de escritor y no de una experiencia personal; es razonable, y lo contrario hubiese sido atractivo pero improbable.

4 comentarios:

  1. Yo estudié Shakespeare en inglés con Gamerro. Es un tipo afable, pero muy discreto, en el sentido de "vuelto para adentro": poco y nada de su subjetividad está puesta en sus talleres, lo cual contagia, deshumaniza o intelectualiza todo. Terminé huyendo por aburrimiento. Leí un libro de ensayos suyo que salió no hace mucho, sobre Borges, Joyce y no me acuerdo quién más. El libro se parecía al autor: culto pero tímido, tibio, poco jugado, aunque la prosa era muy amable. Casi el anverso de las estridencias del tuyo; yo confieso que no me animé a leer ninguno más, ni volver a sus talleres, pese a que me tienta cíclicamente via mail con uno anual sobre el Ulysses.

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  2. yo quiero empezar un curso con él, sabés cómo me puedo contcatar?

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  3. Yo no.
    Leandro lo conoce, mandale un mensaje en este sitio http://seikilos.com.ar/seikilos/

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