sábado, junio 21, 2008

Enrique Vila-Matas. El mal de Montano




Por algún motivo que no recuerdo, Vila-Matas estaba exento de mis simpatías literarias. Y desde la solapa, me mira, afectado y mefistofélico, como un Christopher Lee petiso y gordo, mal peinado, muy mal peinado por Dios.




El mal de Montano, premio Herralde, es una novela poco común. El relator es un escritor que escribe su diario, y escribe diarios ficticios que tratan de los escritores que escriben diarios, porque las novelas ya no se le dan. Y todos estos escritores están enfermos de literatura, un mal que consiste en ver a través del cristal o del espejo de la letra escrita. Montano no puede dar un paso sin relacionarlo con un autor o con un libro; no puede dar una respuesta ni hacer una reflexión sin tamizarla de literatura. Y así, con muy poco movimiento, con apenas dos o tres personajes (pero bien hechos), y multitud innumerable de referencias literarias Vila-Matas completa una novela extraordinaria, sin trama importante más allá de la confusión -típica- que se produce cuando al pasar de capítulo el relato pasa del personaje al autor que acaba de escribir ese capítulo; mecanismo francamente popular a esta altura.

Entonces, muchas páginas llenas, repletas, colmadas, rebosantes de referencias librescas, conforman este libro.

El relato es muy ameno, la prosa es muy agradable. Por sobre todo es grata al oído. Leer este libro es darse una panzada.

Lo disfruté mucho.

Enrique Vila-Matas, entérate: tienes un admirador más; un converso nada menos.

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