domingo, febrero 24, 2008

Francisco Umbral. Museo nacional del mal gusto

Reconozco -con algo de pudor- que considero a Mario Mactas un iluminado. Y escribió Mactas, Umbral, el grande.
Lector mal-herido es una bitácora de reseñas, que me divierte mucho; también dijo lo suyo, aquí, a favor.

Con este doble espaldarazo, algo bueno tiene que salir. Pero el autor -hoy por hoy- no habita las librerías del centro. Y encuentro un librito de ensayos, de 1974.

Se propone "inventariar la vida española ─Museo Nacional─ y sacar a la luz lo que hay en ella de cursi, viejo, camp, kitsch e hipócrita, no solo en las costumbres, [...], sino también y ante todo en las cosas."
Y tiene en la página uno, una cita arrasadora:

El sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.
Max Estrella


Siendo sobre la España de 1974, no espero mucho, porque, ¿qué sé yo de esa época, ese lugar? poco y nada. Pero no importa, porque Francisco Umbral pinta de maravillas.


Pero la ritualización del pueblo mediante las exaltaciones regionalistas, mediante el traje popular, es una maniobra política que tiende a exaltar en ese pueblo los valores de su pobreza, el quietismo y el conformismo, la idealización de una vida arcádica que llevaron los abuelos, aunque la verdad es que los abuelos se pasaron la vida arando de sol a sol, como los nietos. El traje regional, la zarzuela, las exaltaciones orfeónicas de la vida popular y casticista responden siempre, en España y en todas partes, a una autocomplacencia del pueblo en sí mismo, a una sublimación de su pobreza, sublimación fomentada interesadamente por las clases altas.


Umbral castiga que da gusto. Sin reparos y con una claridad meridiana, entrañable, dice lo suyo.
El neomudéjar ganó hace mucho la batalla del mal gusto arquitectónico español en reñida competencia con el churrigueresco de los jesuitas, que se ve mucho en conventos de ambos sexos, y en algunos Institutos de Segunda Enseñanza. El señor Churriguera creía que todo el monte español era orégano de mal gusto para que él campase por sus respetos; pero he aquí que los mudéjares presentaron batalla, y aquí fue Troya.


Francisco Umbral está contra las provincias, la castidad, el artificio y la zoncera. Está por la modernidad, por el pensamiento propio, y la libertad. Estamos de acuerdo.

Otro placer lo encuentro en reconocer citas, siempre de gente amiga. "...oxigena las ideas, da libertad al monólogo interior y ayuda a comprender mejor eso del azar y la necesidad." Otra, "Pero ya dijo tío Oscar que la naturaleza imita al arte."

EL FABULISMO
[...]
Lo más peligroso de todo esto es que a los niños los aleccionamos con ejemplos del mundo animal. El niño llega a creer que el perro es un ser intelectual y sensible que lee a Juan Ramón Jiménez en los crepúsculos, y cuando el perro del hortelano le arrea un mordisco por comerse las berzas, al niño se le vienen abajo todos los mitos, se le derrumban las estructuras morales y ya no sabe que pensar de los perros ni de los hortelanos. Claro que, con todo, el que hayamos que tenido que recurrir a los animales como ejemplo moral es la mejor prueba de que nosotros, como especie, estamos bastante desacreditados.


[...] la democracia no es solemne, y España quiere vivir solemnemente. Los presidentes de República suelen ser señores de chaqueta. A nosotros un señor de chaqueta no nos dice nada. Nuestro punto de referencia es la solemnidad. Eso de que una nación no sea una nave, una proa, una lanza ni una luz, sino que solamente sea un negociado (y que por lo tanto, el presidente vista como un jefe de negociado) eso, digo, no acabamos de entenderlo los españoles.


Ya decía Marx que la moral y la ideología dominantes suelen ser las de la clase dominante.
[...]
Ahora que está bien visto gastar, consumir, no nos da la real gana de hacerlo y no tenemos televisor, automóvil ni parcela. Que consuma su padre. Nos invitaban a ahorrar y a vivir en la estrechez porque esto les aseguraba nuestra sumisión, nuestro buen conformar laboral. Ahora nos invitan a gastar porque necesitan vender toda su chatarra, que les prolifera en las fábricas y ya no saben que hacer con ella. Y siempre hay un fabulista, un moralista dispuesto a convertir en principio ético y norma moral lo que conviene al fabricante.
Dice Antonioni que todo millonario necesita un intelectual. Y no solamente para que luzca en las fiestas, sino sobre todo para que traduzca a un código moral ñas exigencias del mercado, que son tan variables.

Sea como fuere, va habiendo menos historias de aparecidos en el país. Hay quien dice ─los triunfalistas de siempre─ que esto es gracias al Tercer Plan de Desarrollo, el aumento del nivel de vida y las campañas de alfabetización. Nosotros creemos que los muertos se van muriendo poco a poco y por eso ya no vienen a vernos. Además, ocurre que al muerto lo hacemos vivir nosotros, lo que dure nuestro luto, y como ahora apenas si hay lutos y entierros solemnes ni nada, los muertos se mueren de olvido, y a su vez, nos olvidan en seguida a nosotros. Los muertos como los niños, te quieren mientras los quieras, te recuerdan mientras los recuerdes, y uno de los males de la vida moderna es, no ya que nos estemos olvidando de nuestros muertos, sino que ellos se están olvidando de nosotros.

2 comentarios:

  1. Hola. Llegué hasta tu blog siguiendo la pista del libro que comentás, en la esperanza de que algún buen samaritano postease un escanneo del mismo. Tuve un ejemplar, hace muchos años, y me deslumbró. Se perdió en alguna mudanza y desde entonces le voy a la zaga, en librerías de viejo, a ver si consigo agenciarme otro ejemplar.

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  2. Si me mandás un escanneo fcsímil te quedaría eternamente agradecido, Incluso puedo cmbiártelo por algo qe te interese (tengo un montón de libros) Cualquier cosa, mi mail es rob_fabregat@hotmail.com. Gracias!

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