jueves, febrero 21, 2008

César Aira. Una novela china

Sospecho yo los chinos de ninguna manera son como los cuenta César Aira. Serán personas como nosotros, como todo el mundo. Pero a fuerza de literatura existe otra imagen de los chinos, mucho más interesante, y es la que refleja con maestría esta historia. La historia de Lu Hsin, sus amigos, sus vecinos, la geografía, el clima y hasta el gobierno chino.
Toda la novela puede ser leída como una broma, o bien abandonarse al encanto de Aira y disfrutar como un chico que por primera vez lee sobre mundos inventados.

–¡Deberíamos temerle al oso!
–¿Qué oso? –preguntaron los otros dos.
Aparentó un escándalo, ¡cómo podía ser que no estuvieran enterados, bien enterados, mejor que él, que en realidad no sabía nada! Había un oso haciendo estragos en las aldeas más cercanas a la montaña (y ésta era la más cercana de todas), un oso grande, ferocísimo y grotesco. Había habido una alarma, dos semanas atrás, y hasta el momento seguían en la misma posición de incertidumbre.
–Es irrisorio –dijo Lu Hsin–. ¿Cómo no encontrar a una bestia de semejante tamaño? ¡En dos semanas!
El extranjero apoyaba a Hua:
–Pueden disimularse perfectamente en un montón de hojas.
–Señor–dijo Lu con cierta severidad–: no estamos hablando de un montón de hojas.

El deseo de Lu Hsin de encontrar el verdadero amor se cumple en el final, y -esto es personal- no hay mejor final que los felices, los de comieron perdices.

4 comentarios:

  1. Siempre he querido conseguir este libro, o Ema la cautiva, de Aira, para odiarlo menos. Me pareció el colmo de la mala literatura después de leer Cómo me hice monja y La costurera y el viento. Quizá acá si haya de lo que todos hablan.

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  2. Sí me gustó, pero me animo a decir que puede no gustar, porque es también un poco absurdo y discursivo.
    Sentenciero, empiece por Ema la cautiva.

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  3. Que empiece por allí, por Ema la Cautiva, sin embargo habrá que advertirle que Cómo me hice monja es, quizá, su mejor novela. Me gusta mucho Aira, sólo que hay que entrar en convención con su mundo -ya sea el onírico, ya el caótico y dislocante-, el airano. Mejor comienza con "La prueba".

    Diego

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