viernes, febrero 29, 2008

hipérbole hiperbombo

Escribió Jorge Luis Borges en el prólogo de La invención de Morel,

He discutido con su autor los pormenores de su trama, la he releído; no me parece una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta.

¿Se entiende que la calificación de perfecta se aplica a la trama, no a la novela?
Que los editores confundan desde la contratapa, es natural, es propio de comerciantes sin honor. Que se esté por transformar en un lugar común decir "La invención de Morel, la novela que Borges calificó como perfecta", me alza en armas. !Borges no dijo eso! Ayudó a su amigo -en su primer novela- con el mejor elogio que pudo hacer sin faltar a la verdad.

PD, si alguien quiere empezar a leer a Bioy, tenga a bien seguir estas recomendaciones (que dicto desde la soberbia, me doy cuenta, pero seguro son mejores que lo que puedan decir los ventrílocuos que hacen de locutores de tv):
1) Su gran obra es El sueño de los héroes.
2) Dormir al sol, es muy buena y liviana. Es para entretenerse sin prestar mucha atención.
3) La guerra del cerdo, es mas o menos buena, ni divertida ni profunda.
4) Tiene buenos cuentos, pero escondidos entre muchísimos que son un plomo.
5) La invención de Morel, es una novela aburrida, con un final ingenioso (aunque de cf) y sin suspenso.

jueves, febrero 28, 2008

Guillermo Martínez. La muerte lenta de Luciana B.

Lamento informar que es muy floja.
El primer capítulo es muy bueno: frío y preciso como un bisturí.
Después de hecho el racconto del capítulo inicial, la novela cae en un pozo insalvable de aburrimiento. Además, el final abierto, donde hasta cuatro soluciones podrían ser las ciertas sin violar los elementos de la hipótesis, no tiene ninguna gracia. Será correcto en lo formal pero desgraciado para la felicidad del lector.
Desde el segundo capítulo, la voz la llevan los personajes que cuentan historias, argumentan y dialogan; pero la voz de ninguno está bien lograda, todos hablan como el autor, quiero decir, relatan como si el escritor contase la historia. Esa falsificación es notoria y contamina el relato. Luego, tampoco transmiten emoción, ni siquiera la desesperada Luciana.
La trama podrá no tener fallos de argumento, pero está mal hecho el personaje de Luciana y los diez años que lleva perseguida.
También encontré elementos de Crímenes imperceptibles como si el autor hubiese usado ideas o situaciones que no entraron en esa novela.
En la web hay comentarios a favor y en contra; Orlando Echeverri Benedetti está que trina.
:(

domingo, febrero 24, 2008

Francisco Umbral. Museo nacional del mal gusto

Reconozco -con algo de pudor- que considero a Mario Mactas un iluminado. Y escribió Mactas, Umbral, el grande.
Lector mal-herido es una bitácora de reseñas, que me divierte mucho; también dijo lo suyo, aquí, a favor.

Con este doble espaldarazo, algo bueno tiene que salir. Pero el autor -hoy por hoy- no habita las librerías del centro. Y encuentro un librito de ensayos, de 1974.

Se propone "inventariar la vida española ─Museo Nacional─ y sacar a la luz lo que hay en ella de cursi, viejo, camp, kitsch e hipócrita, no solo en las costumbres, [...], sino también y ante todo en las cosas."
Y tiene en la página uno, una cita arrasadora:

El sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.
Max Estrella


Siendo sobre la España de 1974, no espero mucho, porque, ¿qué sé yo de esa época, ese lugar? poco y nada. Pero no importa, porque Francisco Umbral pinta de maravillas.


Pero la ritualización del pueblo mediante las exaltaciones regionalistas, mediante el traje popular, es una maniobra política que tiende a exaltar en ese pueblo los valores de su pobreza, el quietismo y el conformismo, la idealización de una vida arcádica que llevaron los abuelos, aunque la verdad es que los abuelos se pasaron la vida arando de sol a sol, como los nietos. El traje regional, la zarzuela, las exaltaciones orfeónicas de la vida popular y casticista responden siempre, en España y en todas partes, a una autocomplacencia del pueblo en sí mismo, a una sublimación de su pobreza, sublimación fomentada interesadamente por las clases altas.


Umbral castiga que da gusto. Sin reparos y con una claridad meridiana, entrañable, dice lo suyo.
El neomudéjar ganó hace mucho la batalla del mal gusto arquitectónico español en reñida competencia con el churrigueresco de los jesuitas, que se ve mucho en conventos de ambos sexos, y en algunos Institutos de Segunda Enseñanza. El señor Churriguera creía que todo el monte español era orégano de mal gusto para que él campase por sus respetos; pero he aquí que los mudéjares presentaron batalla, y aquí fue Troya.


Francisco Umbral está contra las provincias, la castidad, el artificio y la zoncera. Está por la modernidad, por el pensamiento propio, y la libertad. Estamos de acuerdo.

Otro placer lo encuentro en reconocer citas, siempre de gente amiga. "...oxigena las ideas, da libertad al monólogo interior y ayuda a comprender mejor eso del azar y la necesidad." Otra, "Pero ya dijo tío Oscar que la naturaleza imita al arte."

EL FABULISMO
[...]
Lo más peligroso de todo esto es que a los niños los aleccionamos con ejemplos del mundo animal. El niño llega a creer que el perro es un ser intelectual y sensible que lee a Juan Ramón Jiménez en los crepúsculos, y cuando el perro del hortelano le arrea un mordisco por comerse las berzas, al niño se le vienen abajo todos los mitos, se le derrumban las estructuras morales y ya no sabe que pensar de los perros ni de los hortelanos. Claro que, con todo, el que hayamos que tenido que recurrir a los animales como ejemplo moral es la mejor prueba de que nosotros, como especie, estamos bastante desacreditados.


[...] la democracia no es solemne, y España quiere vivir solemnemente. Los presidentes de República suelen ser señores de chaqueta. A nosotros un señor de chaqueta no nos dice nada. Nuestro punto de referencia es la solemnidad. Eso de que una nación no sea una nave, una proa, una lanza ni una luz, sino que solamente sea un negociado (y que por lo tanto, el presidente vista como un jefe de negociado) eso, digo, no acabamos de entenderlo los españoles.


Ya decía Marx que la moral y la ideología dominantes suelen ser las de la clase dominante.
[...]
Ahora que está bien visto gastar, consumir, no nos da la real gana de hacerlo y no tenemos televisor, automóvil ni parcela. Que consuma su padre. Nos invitaban a ahorrar y a vivir en la estrechez porque esto les aseguraba nuestra sumisión, nuestro buen conformar laboral. Ahora nos invitan a gastar porque necesitan vender toda su chatarra, que les prolifera en las fábricas y ya no saben que hacer con ella. Y siempre hay un fabulista, un moralista dispuesto a convertir en principio ético y norma moral lo que conviene al fabricante.
Dice Antonioni que todo millonario necesita un intelectual. Y no solamente para que luzca en las fiestas, sino sobre todo para que traduzca a un código moral ñas exigencias del mercado, que son tan variables.

Sea como fuere, va habiendo menos historias de aparecidos en el país. Hay quien dice ─los triunfalistas de siempre─ que esto es gracias al Tercer Plan de Desarrollo, el aumento del nivel de vida y las campañas de alfabetización. Nosotros creemos que los muertos se van muriendo poco a poco y por eso ya no vienen a vernos. Además, ocurre que al muerto lo hacemos vivir nosotros, lo que dure nuestro luto, y como ahora apenas si hay lutos y entierros solemnes ni nada, los muertos se mueren de olvido, y a su vez, nos olvidan en seguida a nosotros. Los muertos como los niños, te quieren mientras los quieras, te recuerdan mientras los recuerdes, y uno de los males de la vida moderna es, no ya que nos estemos olvidando de nuestros muertos, sino que ellos se están olvidando de nosotros.

jueves, febrero 21, 2008

César Aira. Una novela china

Sospecho yo los chinos de ninguna manera son como los cuenta César Aira. Serán personas como nosotros, como todo el mundo. Pero a fuerza de literatura existe otra imagen de los chinos, mucho más interesante, y es la que refleja con maestría esta historia. La historia de Lu Hsin, sus amigos, sus vecinos, la geografía, el clima y hasta el gobierno chino.
Toda la novela puede ser leída como una broma, o bien abandonarse al encanto de Aira y disfrutar como un chico que por primera vez lee sobre mundos inventados.

–¡Deberíamos temerle al oso!
–¿Qué oso? –preguntaron los otros dos.
Aparentó un escándalo, ¡cómo podía ser que no estuvieran enterados, bien enterados, mejor que él, que en realidad no sabía nada! Había un oso haciendo estragos en las aldeas más cercanas a la montaña (y ésta era la más cercana de todas), un oso grande, ferocísimo y grotesco. Había habido una alarma, dos semanas atrás, y hasta el momento seguían en la misma posición de incertidumbre.
–Es irrisorio –dijo Lu Hsin–. ¿Cómo no encontrar a una bestia de semejante tamaño? ¡En dos semanas!
El extranjero apoyaba a Hua:
–Pueden disimularse perfectamente en un montón de hojas.
–Señor–dijo Lu con cierta severidad–: no estamos hablando de un montón de hojas.

El deseo de Lu Hsin de encontrar el verdadero amor se cumple en el final, y -esto es personal- no hay mejor final que los felices, los de comieron perdices.

martes, febrero 19, 2008

J. G. Ballard, Crash


Parece que en su momento esta novela gustó bastante. Hoy resulta incomprensible. Tampoco creo que pueda haber sido tomada en serio, aunque quizás sí. Apostaría que tuvo sus renglones de fama por manejarse en la frontera de la pornografía, esa zona donde habita el porno que ha sabido ponerse otra etiqueta, y que es aceptado en la biblioteca, que no hay que guardar en el último cajón del escritorio.
Como sea, de pornográfica, para el siglo XXI, nada.
Quizás fue otra versión del Marqués de Sade. De nuevo, para los estándares de hoy, toda esa sangre derramada no produce ninguna impresión.

En lo demás, es ridícula. Todos los personajes se la pasan apretando el pene contra el volante y eyaculando mientras se rozan las cicatrices de choques anteriores. Terminó la trama, no hay nada más.
Acá no dicen si les gustó o qué, pero si que la traducción "queda muy sudamericana". Me da miedo pensar que saldría hoy si la traduce Anagrama. Uf. Gracias Minotauro por todo lo bien hecho.

Anacronismos (el broli es de 1973)
1) Va la mujer a visitar al accidentado al hospital, enciende un pucho y le da otro al enfermo. Jajajaja, esa imagen es chocante.
2) Haciendo películas, toda la inversión se la llevan los escenarios, los dobles de riesgo, el maquillaje. Chau analógicos, hola bits.

sábado, febrero 16, 2008

Claudia Piñeiro. Las viudas de los jueves

Malísima.
Ni siquiera la calificaría de novela. Es el discurso de una chismosa de barrio, que recopila defectos ajenos, tan pero tan obvios que no provoca ninguna convicción. No hay trama. La caracterización de los personajes es un canto a lo elemental, y toda la novela es tan superficial que termina irritando.

Al volver de las vacaciones


Así está el Reader. ¿Se nota que estuve desconectado?