sábado, diciembre 15, 2007

J. P. Donleavy. Nuestra señora de los váteres inmaculados


Donleavy tiene su propio estilo. Que puede gustar o no; me pareció interesante, un poco, no para alquilar balcones. Otro mérito del relato es que nunca disimula la vida sexual de los personajes; cuando corresponde se despacha con todo detalle.

La historia acompaña la decadencia de una mujer de la clase alta, en New York. Divorcio, pobreza. La vida es dura a veces, y a veces no hay salida. El autor tiene un tono amable, irónico pero piadoso. Entonces transmite cierta pena por la pobre señora.

El joven, con una amable sonrisa, le preguntó cortésmente si ella era Lady Elizabeth Fitzdare, con quien habían quedado en encontrarse muy cerca de allí. Y ella dijo que no, pero que le hubiera gustado serlo. Y el chico sonrió, mostrando sus dientes blancos y brillantes, y dijo, a nosotros también nos hubiera gustado. Y era eso lo que la hacía sollozar mientras bajaba por la Quinta Avenida. Porque ella sabía que seguramente ya no sería nunca una persona a la que una pareja tan romántica como aquella quisiera conocer.

Pero al final, de un modo disparatado todo termina bien. Por un lado, que suerte que esa querible elegante snob ni se suicida ni termina durmiendo en la calle. Por otro lado, la historia tenía el dolor de realidad más cruda, y el final "deus ex machina" cambia el tono.
Es cortita, agradable.

1 comentario:

  1. Muchas gracias por la sugerencia, de hecho ya he cambiado el formato
    Saludos
    Carla

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