miércoles, noviembre 28, 2007

Marcelo Damiani. El sentido de la vida

La confusión no es un percance insalvable para las novelas, que entonces seguramente tendrán el mérito de una prosa hechicera o personajes fascinantes. Pero este libro, intricado y superpoblado, no hay una frase feliz, no hay una oración como para decir, ¡como escribe! Hay personajes pero ninguno se dibuja en más que sus acciones ni persiste ─en forma reconocible─ más de dos o tres páginas.
Pasé de la página 80 porque estaba desvelado en un cómodo medio de transporte. Pero no hubiera perdido nada dejando ahí mismo la lectura.
Valoración: cero

lunes, noviembre 26, 2007

Links del fin de semana

Breve recorrido sobre las notas del fin de semana que me gustaron.

En Perfil, Carlos Gamerro, crónica de un cuarentón en Creamfields Buenos Aires.

En LA NACION, extracto de las memorias de Woody Allen.

sábado, noviembre 24, 2007

Wenceslao Fernández Flórez. El bosque animado

Libro de 1948, casi los 50 años que se recomiendan que debe sobrevivir una obra por su cuenta antes de ser admitida sin más su lectura. Además, recomendación de Cuchitril Literario

Como en El libro de las tierras vírgenes, cada parte de la foresta tiene vida, historia y tradición. Así los árboles, los animalitos, el viento. Y también los más humildes habitantes del bosque, gente muy "pobriña", pobrecita Pilara, que tristeza me dió.

Las fábulas son preciosas. Las historias de los paisanos, perfectos cuentos. Y el castellano de Fernández Florez, es hermoso. La conjugación es totalmente arcaica, y un placer. También cosas del gallego, la "meiga", "abrenoite" el murciélago.
En fin, un libro hermoso, que emociona a grandes y a chicos, del cual se puede aprender mucho. Ideal para regalo de navidad. Recomendación de su blog amigo.


─¡Ay Pilara! ¡Pilara! ¡Que son las seis, condenada chiquilla!
Y como si la voz fuera un ser material y tuviese manos y la hubiese sacudido con ellas, Pilara se sobresalta y aparece sentada sobre el jergón.
─¡Si, señora, si! ─ balbuce.
─¡Ay, esta rapaza...;me mata a disgustos! ¡Vas a perder el tren, dormilona!
Pilara no se quita más que el vestido al acostarse. Ya están buscando sus pies entrada en las zuecas.
─¡Ten cuidado con la leche!
─Tendré, señora, tendré.
─Dile que no se olvide que mañana es sábado.
─Diré, si señora.
Ya suenan las zuecas en el pasillo de tierra pisada.
─Vuelve pronto.
─Volveré, si señora.
Ya rechina la gorda llave en la cerradura grande y oxidada que parece una libra de chocolate.
─Como te caiga el jarro, mátote!
─No cae, señora, no.

miércoles, noviembre 21, 2007

Javier Cercas. El vientre de la ballena

El comienzo es preocupante: arranca con unos personajes y un episodio de infidelidad que creo haberlos vistos ya muchas muchas veces, y durante ciento veinte páginas, morosas y verbosas, pasa muy poco. Luego hay algo de acción y la cosa mejora.

La prosa, muy buena. Amena, sencilla, fluida.
Como todos, Javier Cercas ha de admirar a Borges, pero además, sospecho que lo ha releído, mucho.

El autor se hace aparecer en el medio, como Aira, como Hitchcock, como Agresti. Es irrelevante pero cuesta no mencionarlo -lo mismo pasa en las críticas de películas: son los diez segundos (o cinco renglones) menos necesarios de la trama, pero los mas parecidos a un chisme.

Termina mucho mejor de como empezó, con más ritmo, y mejor prosa.
Entonces, nada nuevo, pero de verdad muy bien escrito.

sábado, noviembre 17, 2007

Gabriel Bañez. Los chicos desaparecen


Novela corta, en cortos capítulos, y con el foco muy bien llevado: centrado con maestría en Macías Möll, paralítico hace mucho -o desde siempre-, que vive en una ciudad con leves pendientes, y atiende su negocio de relojero a la vera de una plaza armada en una loma, provista de inclinaciones, rampas, y senderos pavimentados.

Oficio destinado a la extinción, el de relojero, desde que no se arman esas máquinas de muelles y ruedas, que se confundieron una vez con la cumbre de la civilización. Ha de haber muchos relojeros en la literatura del pasado, pero recuerdo al del mejor Bioy, al relojero de Dormir al sol. Y porque se parece al de Báñez. Comparten la vida recatada, el paisaje barrial, y algun rasgo fundamental: la sencillez que genera la honestidad, la integridad, la simpleza; la aversión a la farsa y al discurso.

A las seis en punto todos los días -con la precisión de un relojero- Macías va a la plaza y toma el tiempo que le lleva bajar, a toda velocidad. Cantidad de chicos festejan esa carrera y Macías baja tanto para ellos como para si. Un día, un chico desaparece. La última vez que lo vieron fue festejando, o sea, Macías fue el último adulto en estar cerca. Y así, por cuestiones en principio policiales, irrumpen en la vida regular del relojero otros personajes, imperfectos, impuntuales, imprecisos, tejedores de palabreríos.
Es uno de los temas, el diálogo imposible del relojero que se ciñe a los hechos,
y la sociedad que vive montada en discursos, en supuestos, donde la representación tiene el valor de la verdad. Macías contrasta con policías, políticos, médicos, curas, delegados vecinales.

[...] Luego pidió dos pocillos con café por el intercomunicador y continuó:
──Tenga la absoluta certeza que hombres como usted son los que están haciendo la historia cotidiana del país. Nosotros, los funcionarios, somos humildes servidores e intérpretes──. Macías creía ya haber escuchado esas palabras, pero intentaba mostrarse interesado──, y en realidad nuestra misión en los cargos públicos es transitoria. Estamos para servir. Por eso ──remarcó emocionado──, lo fundamental es la iniciativa individual. He leído punto por punto la solicitada y suscribo íntegramente lo que allí se dice... Pero créame, vivimos horas difíciles y hay que evitar los rumores. Hay que evitar que el país tome el plano inclinado...
Macías dió un repingo.
──Veo que usted está en un todo de acuerdo── arriesgó mientras lo escrutaba en profundidad.
──Todo es cuestión de tiempo── dijo Macías.


Despertó en una sala blanca, brotada en olores rancios y asépticos. Quiso moverse pero estaba atado de pies y manos. Al fondo había un aparato de rayos. La intermitencia sorda de la exposición de las placas terminó de despertarlo. Había una enfermera a su lado. Ella sonrió y dijo algo de un milagro. Él movió la cabeza y se buscó las piernas: de la cintura para abajo había una manta. Preguntó la hora y la mujer lo amonestó con delicadeza.


──He querido estar contigo ──dijo el arzobispo después de rezar── para reconfortarte y asistirte en mis plegarias.
──Gracias, padre.
──Llámame monseñor, hijo mío, yo soy tu siervo.
Macías se sintió incómodo. La voz aguardentosa del arzobispo lo envaraba.
──Tu causa es justa y es la causa de todos ──prosiguió──, pero en la tierra hay mucha maldad.


Además, y es el otro tema, Macías está seriamente preocupado por bajar cada vez más rápido, y quiere entender la velocidad, que está hecha de tiempo. Todos sabemos que el tiempo es algo que transcurre, pero no nos pregunten más. El relojero lee a Morris Kline (matemáticas), pero claro, solo obtiene preguntas más hermosas, las respuestas Dios sabrá si las hay. Finalmente logra bajar sus tiempos, con el simple expediente de encerar las superficies de contacto.

En cuanto a los niños... desaparecen, eso es todo. En el final, a Macías le ponen un palo en la rueda mientras desciende; ese modesto misterio es resuelto por el comisario. Queda el de los desaparecidos.

Hasta acá la novela, ahora los elogios.
Original. En serio, sin antecedentes.
Prosa exacta, al borde de algo más, del lirismo que deslumbra en Virgen (es otra novela de Gabriel Báñez).
Sátira justa de toda laya de funcionarios (al barrio lo pinta sin caridad, pero sin forzar los defectos). Humor ácido.
Un enigma sobrenatural, cierto coqueteo con la metafísica. Brillantes juegos verbales alrededor de la ecuación espacio tiempo energía.
Y lo mejor: Macías Möll, relojero lisiado, que busca la excelencia de batirse a si mismo, y no pide más. Como en el verso de Carriego, no le hace cargos a la suerte.
Un desencanto pequeño, totalmente personal: prefiero los misterios que se resuelven.


El comisario tomó aire, parecía avergonzado, quebrado:
──El tiempo...
──Sí... ¿qué pasa?
──¿Qué es?

lunes, noviembre 12, 2007

Juan Marsé. Últimas tardes con Teresa

Primeras páginas: empieza con el estilo que mi ignorancia cree que pertenece a todos los españoles que escribieron en el franquismo: largas frases amonestadas de adjetivos, que se encadenan sin perder la concordancia ni el hilo.

El Pijoaparte es un joven hermoso, criado en las clases bajas (es el autor quien pone el relato en esos términos: clases, etc) que no trabaja, que es un vago que vive del hurto, y que se hace pasar por integrante de otras clases (altas), por ejemplo en las fiestas donde se cuela sin ser invitado.
Todo transcurre en Barcelona, en la década del 50.
pág. 58,
Pijoaparte procede a la seducción de una jovencísima inocente niña, que tiene tanta vergüenza que ni sabe gritar para defenderse. Y el lector ─que tiene una hija que pronto será pasto de los hombres─ se indigna y odia profundamente a ese miserable.
pág. 64,
En medio de la noche entra por la ventana y la somete ─aunque no parece tan inexperta─, pero al despertar descubre que sedujo a la criada. Finísima burla de Marsé que el lector festeja aliviado.
pág. 70,
Despechado, la abofetea en la cara y en los brazos, la insulta en una jerga extraña. Pero la muchacha -Maruja- es realmente hermosa.
pág. 125,
Pijoaparte se desplaza siempre en motocicleta, que roba de la calle, y abandona luego de usar. Maldito ladrón, el lector le desea lo peor.
pág. 138,
Una noche en el cuarto de la criada -porque es su secreto amante en la residencia de los patrones, donde entra por la ventana en la noche-, Maruja se desmaya entre convulsiones. Y Pijoaparte (Manolo se llama) huye sin avisar a nadie ni dejar rastros. Miserable cobarde. El odio del lector está bien regado, y crece.
pág. 141,
"como un suicida adelantaba coches y autocares llenos de turistas"; esto es en moto, a toda velocidad. Ahora entre el lector y Manolo hay algo personal, porque el lector desearía borrar con el rayo de la muerte a todos los estúpidos malvados que puestos al volante empiezan por el desprecio a los demás y terminan en el homicidio.
pág. 179,
Teresa es una jovencita, rica heredera, hermosísima, que vive en una nube de pedos, por ejemplo piensa de Maruja, porque la vio besándose con un desconocido, "la única que allí vivía una existencia progresista era esa criatura tímida y atontada."
pág. 223,
Teresa y Manolo salen, se conocieron en la habitación donde Maruja permanece en coma. Manolo no habla y Teresa se inventa una fantasía sobre él, y se la cree, que es obrero y revolucionario, y esas cosas. Tremenda estúpida.
pág. 238,
Pijoaparte le miente a la quinceañera sobrina de quien reduce las motos que roba, una chica que lo conoce desde niña, y que lo adora.
pág. 245,
Pide plata prestada, y le miente hasta a los únicos que lo ayudaron alguna vez.
pág. 257,
Teresa tiene su auto, un Floride, y juntos corren "una carrera endiablada, suicida". Caprichosa y consentida, una seria paliza le vendría bien, piensa el lector.
pág. 274,
En una salida por los barrios bajos, unas busconas reconocen a Manolo, y Teresa piensa que son unas rojillas subversivas. Manolo simplemente le grita a Teresa que no haga preguntas, y la otra se queda tan mosca.
pág 288,
Teresa sale del mar, se recuesta en la lona. Es una belleza rubia estremecedora. Que desperdicio, piensa el lector.
pág. 324,
Buen retrato del grupo de Teresa:

Crucificados entre el maravilloso devenir histórico y la abominable fábrica de papá, abnegados, indefensos, y resignados llevan su mala conciencia de señoritos como los cardenales su púrpura, a párpado caído humildemente; irradian un heroico resistencialismo familiar, una amarga malquerencia de padres acaudalados, un desprecio por cuñados y primos emprendedores y tías devotas en tanto que, paradójicamente, les envuelve un perfume salesiano de mimos de madre rica y desayuno con natillas; esto les hace sufrir mucho[...]
Con el tiempo, unos quedarían como farsantes y otros como víctimas, la mayoría como imbéciles o como niños, alguno como sensato, generoso y hasta premiado con futuro político, y todos como lo que eran: señoritos de mierda.

pág. 360,
Una bromilla, oyen en un baile una conversación ajena: "Le conozco, se llama Marsé, es uno bajito, moreno, de pelo rizado, y siempre anda metiendo mano."
pág. 367,
Teresa está a punto de caramelo, las hormonas le piden dejar la virginidad y el relator también está exaltado: "la ardiente boca de ella y aquellos diminutos y agudos pechos de fresa", "esta bonita melena de oro, estas bonitas rodillas de seda", "este doble universo de fresa y nácar".
pág. 401,
Buen apunte sobre unos amigos de Teresa, los Bori. La novela tiene acertadas ramillas que brotan del tronco principal.
pág. 413. Manolo y Teresa están a punto de copular, suena el teléfono: Maruja ha muerto.
pág. 419,
En el entierro, todos fuman. Ellos se tantean las manos y los padres ven que algo está pasando con su hija y el novio de la criada fallecida.
pág. 425,
Manolo le roba la moto a un cura, "corría bien, pero le perdió la sotana."
pág. 444,
Manolo roba y miente a quienes mejor lo conocen; Hortensia, despechada, lo denuncia.
pág. 449,
Otra carrera suicida entre autos de turistas, por suerte lo detiene la policía.
Epílogo,
Dos años de cárcel para Pijoaparte; Teresa cumplió su destino de rica heredera; el equívoco y las hormonas que los juntaron, nunca volvieron ni volverán a coincidir en tiempo y espacio.


La novela es un retrato de la época, por ejemplo: todos fuman como cosacos. A Palimp le gustó. Por eso lo leí. Me gustó, pero no especialmente. La trama es redonda, los personajes principales y secundarios muy bien pintados.
Leí la fea edición de bolsillo de Plaza & Janés, que tiene una mujer desnuda en la tapa ─lo cual no tiene nada que ver con Teresa, que no llegó a quitarse la ropa.

sábado, noviembre 10, 2007

Luis Sepúlveda. Desencuentros

Libro de cuentos, reunidos por el autor, anteriores a sus primeros éxitos de publicación.
Al comenzar me parecieron extraordinarios, luego no tanto, hay mejores y no tan buenos, como es frecuente en los libros de cuentos. Pero muy buen libro, en conjunto.
Me gustó más que todos Historia de amor sin palabras, triste romance que no tiene final feliz, de un señor enteramente normal con la menor de tres hermanas mudas de profesión modistas de corbatas y sombreros.
Las invenciones son buenas, las tramas y los personajes están bien armados. Para la historia de la literatura, sin novedades. Son buenas o muy buenas ejecuciones, con instrumentos clásicos.

Escribe en un castellano muy agradable, donde las palabras chilenas funcionan sin invadir, como condimentos deliciosos: picantes, dulces, tiernos. Un placer. Es además ─para mí, argentino─ una evocación de Chile, que es un país hermoso.

Voy a leer más cosas de Sepúlveda. Novelas si puedo, que prefiero.

lunes, noviembre 05, 2007

Guillermo Martínez. Infierno grande


En la reedición de 1999 -Ediciones Destino, Colección Áncora y Delfín- el autor corrigió "una multitud de detalles" y en sus propias palabras, "el libro, ahora, es sutilmente otro."
Veamos las diferencias, con respecto a la edición de 1989, Omnibus, Editorial Legasa.
De 22 dedicatorias, persisten 3: a mis padres, a Liliana Heker. ¿Cómo se habrán sentido quienes perdieron ese obsequio? por ejemplo, "a mis hermanos: Pablo, Patricia y Nora". ¿No lo merecían tanto quizás? Mejor pensemos que quiso presentar un libro más despejado.

En general, los cambios me parecieron para bien. Pero solo en un cuento apreciables; la mayoría, imperceptibles, para usar un adjetivo caro al autor.

Para Infierno grande, y Brindis con Witold, no encontré cambios.


Baile en el Marcone

tenía sobre todo unas tetas bárbaras.tenía sobre todo unas tetas impresionantes.



La víctima



acomodaba sus bolsos en el ómnibus.acomodaba sus bolsos en las gavetas del ómnibus.
Era tan fácil castigarla: lo nuestro no puede seguir.Lo nuestro no puede seguir.
Pero el no quería castigarla: Susana era lo único en su vida que había logrado poner a salvo.Pero Susana era lo único en su vida que había logrado poner a salvo.
Ella no podía haber dejado de quererlo.
Había sentido que la ignorancia de ella lo avergonzaba.Había sentido la impaciencia secreta de siempre.
de la colección Robin Hood y de las historias de su infancia; trató de hacerle ver lo módica que resultaba su vida diaria, que pequeño era el mundo en que se desenvolvían en comparación con la variedad inagotable de épocas y escenarios, con la infinita diversidad de universos y personajes de la literatura.de la colección Robin Hood de su infancia y los libros que había descubierto en la adolescencia.
Él empezó a sentir esa impacienciaÉl empezó a sentir esa irritación
Aún quedaba algo más; algo inconfesable.Aún quedaba algo más.
Pronto le resultó simpático el desdichado Peter.Pronto le resultó agradable el desdichado Peter.
una especie de cólera drástica,una clase de cólera drástica,
Chejov tenía razón, pensó Roberto, esto es lo que diferencia a la literatura de la realidad:¿No era exactamente eso, según Chejov, lo que diferenciaba a la literatura de la realidad?
solo había en el cielo una última claridad indefensa.solo había en el cielo esa última claridad indefensa antes de la noche.
¿A quién?, ¿a quién?, se preguntaba¿A quién?,se preguntaba
!Eso era! Si había asesinosEso era: si había asesinos
Ya sabía que ella no podía haber dejado de quererla.


El recuperatorio


Yo era (aún soy) algo tímido,Yo era ─soy─ algo tímido,
Adquiría una elocuencia inusitadaAdquiría una elocuencia imprevista
aquella muchacha me conmovíaaquella chica me conmovía
la muchacha no entregó su examen.ella no entregó su examen.
Estudiás bien el teorema de completitud y te presentás al primer turno, ¿sí?
Asintió con un gesto y pude ver, antes de bajar, que volvía a mirar por la ventanilla.
No supe más de esa muchacha.
Estudiás bien el teorema de Rice y te presentás al primer turno, ¿sí?
Asintió con un gesto y pude ver, antes de bajar, que volvía a mirar de esa forma ausente por la ventanilla.
De esa chica no supe más nada.


Deleites y sobresaltos de la sombreridad



que había de particular en esa muchacha,que había de particular en esachica,
que a duras penas se mantenía en equilibrio.que milagrosamente se mantenía en equilibrio.
me iba empujando hacia la muchacha.me iba empujando hacia la chica.
─la escuché decir de pronto.─la escuché decir.
los rasgos de esa muchachalos rasgos de esa chica
por ese sombrerito inexplicablepor ese sombrerito intrigante



Billete de mil



Wilde-Berazategui-EzpeletaWilde-Don Bosco-Bernal
caras aplastadas, el consabido cansancio de los ojos.caras aplastadas.
Trató de no acordarse que día era, trató de olvidar que era seis, seis de diciembre. Tarde. Nunca le habían gustado las fechas,Miró el reloj de la estación, tratando de no ver que día era: nunca le habían gustado las fechas,
Nací en el dieciséis,Nací en el diecinueve,
mejor olvidar que era seis,mejor olvidar que era seis de diciembre,
terminaría con agradecimientos, pero ellos esperaban más,terminaría en agradecimientos, él, que no quería agradecer nada, pero ellos esperaban más,
Don Pascual, pobre viejo, y seguir siendo jóvenes.Don Pascual, pobre viejo.
Pascual desvió la vista, se había acabado el espectáculo.Se había acabado el espectáculo.
preguntarse por qué, por qué el zapato sobre el billete. Le habían enseñado hace mucho, de pibe, a no hacerse preguntas.preguntarse por qué. Había aprendido hace mucho a no hacerse preguntas.
Bastaba decirle a la maestra quien se hacía la rata y ábrete frasco.Bastaba decir nombres a la maestra y ábrete frasco.
Por qué no se lo pedirá también a los demás,Por qué no lo pedía también a los demás,
te toman para el churrete,te toman de punto,
Y había aprendido a decir sí. Era fácil: símicabo, símisargento, síjuro.
de pronto el hiriente chirrido de los frenosde pronto el chirrido hiriente de los frenos
Algo se desmoronó dentro suyo. Ellos sabían. Ellos sabían.
Pensar en otra cosa, eso, contar los postes del teléfono, por ejemplo, un poste, dos postes, o mirar la nube, por qué no mirar la nubecita, no, mejor seguir contando postes, cuatro postes, cinco postes.
a ser un jubilado.a ser un jubilado inofensivo.
Escuchó de pronto el ruido secoEscuchó el ruido seco


Un examen muy difícil



al principio siempre les parece difícil el examen. al principio el examen siempre les parece difícil.
Es curioso, yo no soy, nunca fuí,Es curioso, yo nunca fuí
muchas veces en el medio de una explicación, en el medio de una explicación,
siguen gritando, encantados, entre risassiguen gritando, entre risas
una muchacha judía de pelo largouna chica judía de pelo largo
Dulce muchacha, me espera Querida muchacha, me espera
esa manera famélica de mirarme, no a mí, solo a mis manos.esa manera famélica de mirar solo mis manos.
Siento de pronto una violenta necesidadSiento una aguda necesidad
un dulce arco de alivioun prolongado arco de alivio
Pero mi vista se aclara de pronto; Pero mis ojos reparan en algo.
Me levanto de un tirón los pantalones.Me levanto de un tirón el cierre.
Los voy a aplazar a todos. Pero... algo ocurre, escucho al doblar el pasillo un tumulto atroz. Y parece provenir Abro la puerta del baño y escucho, al subir la escalera, un tumulto atroz. Parece provenir
es mi querida alumna; es mi alumna dilecta;
los bailes, el comedor, las competencias deportivas... las competencias deportivas, el comedor, los bailes...
me susurra ella de pronto, inclinándose sobre mí aún más profundamente y por un momento me parece que sus pechos saltarán por fin a mis rodillas.me susurra ella inclinándose hacia mí aún mas pronunciadamente y por un momento me parece que los veré saltar por fin a mis rodillas.
su trasero, aunque un poco pequeño,su trasero, pequeño y apretado,
Hundo de lleno mi mano Extiendo de lleno mi mano
¡Y te comés las uñas! ¡Te comés las uñas!
cerrándosela blusa con violenciacerrándose con violencia la blusa
El viento reaviva en mi pantalón la vergüenza de la mancha.El viento reaviva en el pantalón la vergüenza de mi mancha.
en los supermercados, arriba de los colectivos. arriba de los colectivos, en los supermercados.


La timidez invencible del profesor Pipkin

el sueldo íntegro gastado en el traje nuevo.el sueldo íntegro que gastó en el traje nuevo.
un Círculo de Educadores Sarmientinosun círculo de educadores
su voz ha sonado balbuceantesu voz sonó balbuceante
grita la muchacha grita la chica
mira de nuevo a la muchacha mira de nuevo a la chica
El nunca tuvo una mujer así, nunca tendrá una mujer así. El nunca tuvo, nunca tendrá, una mujer así.
limpia la navaja con cuidado limpia la hoja con cuidado
dice de pronto y se sonríe dice con fijeza y se sonríe



Esa cuestión de orificios

Recuerdo claramente la primera noche que los escuché. Fue, también, la primera vez La primera noche que los escuché fue, también, la primera vez
Tardé apenas un instante Tardé todavía un instante
Ya no se escuchaba ningún sonido No se escuchaba ya ningún sonido
o esa manera leve de apartarse el pelo de la cara. o la manera de apartarse cada tanto el pelo de la cara.
si ella alzaba la vista si ella alzaba los ojos
Recién cuando escuché el desplomarse de la persiana volví a dormirme. Recién volví a dormirme cuando escuché el desplomarse de la persiana.
No fue así. Cada vez se hizo peor. No fue así.
mi seriedad provinciana y las lagunas de mi formación, las lagunas de mi formación y mi seriedad provinciana,
Sé que lo que voy a decir suena repugnante, es repugnante, pero quiero contar las cosas Quiero contar las cosas
que estuvieran siempre subidas las persianas aquellas. que dejara siempre algo subidas las persianas.
Me quedé, en fin, despierto.Me quedé, en fin, a esperar.
Entonces empezó a suceder. Empecé a oírla.
Y escuché los gritosY los gritos
Para decirlo de una vez por todas: Para decirlo del modo más simple:
me dejaba consternado, con la sangre ferozmente revuelta.me dejaba consternado.
un día, sorpresivamente, un día, inesperadamente,
por alguna perversa razón, por una razón inexplicable,
Unicamente hubo esto, Sólo hubo esto,
Todo esto me decía y sin embargo no conseguía borrar el fogonazo de esas manos hambientas.Todo esto me decía, pero no conseguía borrar la imagen de esas manos.
Yo había sabido, lo había sabido desde el principio; Yo lo había sabido, desde el principio;
algo impredecible y sin embargo inminente.algo impredecible, pero inminente.
sonó cuando terminaba de apilar los libros. sonó cuando terminaba de limpiar de papeles la mesa.
Al tercer día volví a escuchar Al tercer o cuarto día volví a escuchar

sábado, noviembre 03, 2007

Citas citables

Luis Sepúlveda

Sabemos que el placer o bienestar que nos proporciona una obra de arte proviene de estados de ánimo que convergen por casualidad.