sábado, octubre 06, 2007

John Cheever. Crónica de los Wapshot

Excelente libro.
Con toda honestidad Cheever escribe un relato que respeta los cimientos de la novela: contar una historia, desarrollar personajes.

Leander tiene dos hijos que salen de su casa y de su pueblo, a triunfar o al menos a trabajar y enriquecerse. Entre paréntesis, la sociedad estadounidense, sí que es optimista. Son lo menos fatalista que hay. Cada uno es responsable de si mismo, de sus éxitos y fracasos.

Entonces, los hermanos Washpot y el padre mayor son los protagonistas, pero toda la familia también. Hay por doquier ancianas deliciosas, Justine, Honora, Sarah. Hay jóvenes llenas de feromonas, Rosalie, Melissa.
Hay capítulos donde el relato remonta generaciones para atrás, pero la mayoría corresponden con el siglo XX. Uno de los hijos trabaja de programador para el gobierno, usando tarjetas perforadas (yo también tuve mis tarjetas perforadas, pero no viene al caso).
Es una crónica y un retrato de época. Hay mucho juego de clases, personas que suben, que bajan, nuevos ricos y portadores de apellido empobrecidos.

Estaba en el armario cuando oyó que Moses y Rosalie subían las escaleras y él iba diciendo:
-¿Qué puede haber de malo en algo que a los dos nos hará sentir contentos?
Honora cerró la puerta del armario cuando ellos entraban a la habitación.
Lo demás que Honora oyera -y oyó muchas cosas- no nos concierne. Esto no es un informe clínico. Sólo consideraremos el dilema de una anciana dama -nacida en la Polinesia, educada por la señorita Wilbur, filántropa y samaritana- llevada, sólo por su búsqueda de la verdad, al interior de un estrecho armario en una tarde de lluvia.

Esta es su primer novela (1957), y ganó el National Book Award.
Traducción (muy buena) de Maribel de Juan.

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