sábado, septiembre 08, 2007

Belén Gopegui. Lo real

Belén Gopegui

Vamos por la calle sabiendo que nos odian; el que trabaja el doble de horas que nosotros y nosotras y cobra lo mismo sueña con abofetearnos; el que vacía cestos de goma con escombros en el contenedor mientras nosotras y nosotros estamos en la oficina y tomamos dos cafés y hablamos por teléfono, ése hundiría el puño en nuestras costillas con placer; la mendiga quisiera despojar a nuestros hijos de sus abrigos de colores.

Esta es la historia de una vida, la de Gómez Risco, que trabaja en los medios de comunicación durante los años que siguieron al franquismo en España. Sin tensión Gopegui reseña los momentos de una vida, siempre con la mirada fría. En la página 360 recién se narra algo, en cinco páginas muere la amante esposa del protagonista. Esas páginas son la excepción, en el resto se cuentan cosas pasadas, no hay narración; por ejemplo, Gómez vive con su amada novia, que en dos renglones lo abandona; nada en el relato mostró ni el amor, ni el desengaño, ni la traición.
Porque el centro del relato son las relaciones laborales, económicas y sociales.
Y llegamos al quid, a la fuente: la visión del mundo que tiene la novelista y el protagonista. Se trata de un mundo donde, o se es un tonto infeliz, o un miserable. No hay otras opciones, no hay grises, no existen las virtudes, los pecados, los defectos, las dudas, nada de nada más que el poder, y el odio.
Como me resultó falso, increíble, y hasta tonto ese planteo, en ningún momento "creí" en la novela y en Gómez Risco.
Me quedo con Chesterton, "...hay en el alma tintes más desconcertantes, más innumerables y más anónimos que los colores de una selva otoñal..."

No me gustó. Quizás haya quien viva en el mundo como lo vió Belén Gopegui; a ellas y ellos podrá gustarle, porque la prosa es llevadera.

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