domingo, agosto 26, 2007

Florencia Abbate. Magic resort

Estoy descubriendo una categoría bastante poblada: libros que terminan sin haber empezado. Por ejemplo, las que comenté en este blog, de Terranova, Bizzio, Guebel, incluso Aira. Libros de pocas páginas llenos de blanco, de citas o con ilustraciones. Hasta el plagio de Di Nucci parece ser un extremo en esta línea: ya no tenía manera de extenderse más, no había como estirar el contenido, entonces, derecho al copy paste.
Será que la editorial exige 100 páginas, suponiendo que los compradores desconfían de libros más angostos. Yo desconfío.

En Magic resort hay varios personajes, que se cruzan por ahí. Comparten la juventud, la tendencia a la vida interior, la falta de incentivos por ganarse el pan con el sudor de sus frentes, y la correspondiente necesidad de llenar el vacío que ese tiempo nos ocupa a los mortales que no somos de tinta. Comparten también la prosa, la manera de expresarse (basta de mails llenos de lírica, por favor).
Y estos chicos van por la vida, este librito relata idas y venidas que no tienen acción en realidad, son devenires de la nada. Esta gente siempre está escuchando música. Y cada momento debe ser asociado a un tema, un autor, un intérprete.
No falta, más bien sobra, la clase de cosas que solo pasan en las malas películas: casamientos instantáneos, documentales de guerra (donde hay muchos muertos pero son todos inocentes), cambios de escenario (Londres, Patagonia, Barcelona, esos lugares), y padres que nunca han pegado un bofetón, por caracterizarlos de alguna manera.

El estilo de Abbate me gustó; del todo ajeno a la transcripción y a la oralidad.

Comparto lo que dicen acá: "un texto que no consigue equilibrar sus pretensiones líricas con la narración, que nunca llega a encontrar una dirección clara."

Abbate

En 1979, 1980, la profesora Abbate daba clases de Castellano, o Literatura quizás. Era excelente profesora, severa, justa y seria. Muy cada tanto se reía de manera hermosa. Tenía la piel muy blanca, y ojeras oscuras, profundas. En el imaginario de sus alumnos respondían a noches plenas de sexo. Parecía muy cansada. Además estaba siempre embarazada. Obviamente de tanto copular.

Florencia Abbate (en la foto) nació en 1976. Si es hija de la profesora Abbate, que hace 30 años enseñaba Castellano a púberes brutales, me doy cuenta que sería la razón cierta de tanto cansancio.

El recurso del fuego

En 28 weeks later, dos minutos están poblados de fuego. La llamarada, a lo grande, es una imagen que puede elevar cualquier película. En este caso están puestas con sabiduría; son solo dos minutos. Pero en Sunshine, hay noventa minutos de fuego. Maravillosos.

domingo, agosto 19, 2007

Juan Terranova. El caníbal

Ediciones Deldragón es una editorial joven y pequeña, creo. En este caso la edición no presenta lujos, pero es en todo correcta. Son 142 páginas con mucho blanco, que se leen en 80 minutos de corrido.

La novela está hecha de:
.-unos pocos diálogos, sobre literatura, sobre las editoriales, sobre el periodismo.
.-muchos recortes de prensa, policiales, y alguno sobre la gran debacle argentina de 2001 y 2002.
.-las dificultades del protagonista (y relator) para publicar.
.-apenas cinco hojas que tratan de la chica que llega a ser casi su novia.
.-algunos personajes secundarios.
.-un chiste, algunas anécdotas.

Entonces, esta novela no tiene casi nada. Los avatares (por nombrarlos de alguna manera) son tristes o melancólicos, pero sobre todo, intrascendentes, mínimos y sin gracia.
La prosa tiene el color del contenido: gris corrección.
Leer este relato es como mirar televisión -un partido de la B de mitad de campeonato-, materia de olvido instantáneo. Como hojear diarios. No es aburrido. Es algo parecido a una charla de café.

PD:
el autor escribe un excelente blog, ¿Cuál es la pregunta, Terranova?.

sábado, agosto 18, 2007

Mario Mactas tiene blog

Mactas está en internet, y escribe así de bien:

España
. A menudo pienso en España. En los años dorados, cuando fui extranjero.
Llevo a España en el corazón, aunque sé que, en gran medida, España es una invención de Hemingway. Una genial invención de Hemingway, y los españoles.
El aire es allí algo salado, y el olor general está entre la gasolina y el bacalao.
Mujeres y hombres viven en igualdad, confraternizan en bares y tascas y son capaces de zurcir un destino común, hacia delante, después de la guerra y la dictadura que rehusaron repetir.
Pienso en la comida, en los caminos, en los pueblos chicos sobre el mar o en la montaña. Pienso en Pilar.
Hay algo allí que no está demasiado en otras partes: cierta celebración constante de la vida. No está proscripta la melancolía, desde luego, pero se prefiere el gozo de los días. Entre nosotros, en cambio, es grande el prestigio de la tristeza:más triste,mejor.
España.
Por donde no pasaron la Ilustración ni el psicoanálisis.
España del Rey, de la democracia moderna, del acuerdo, de Dalí, de Goya, de Cervantes, de los científicos que en Murcia están encontrándole la vuelta a la enfermedad que se llevó por delante a Fontanarrosa. España de Plácido, de Felipe, de Picasso, de Almodóvar, de Penélope Cruz –reina de las morenas de la Tierra- , de los toros que mata José Tomás.

Aunque ahora parece que tiene colaboradores, no han entendido que una bitácora es algo personal; los amigos de Mactas serán magníficas personas, pero que cultiven en otro lado.

sábado, agosto 11, 2007

Isak Dinesen. Carnaval

Como me encantó Lejos de África, agarré Carnaval, de editorial Bruguera, Narradores de hoy, que es un conjunto de inéditos; Recreaciones y cuentos póstumos, dice en la segunda página. En efecto, algunos cuentos están inconclusos, otros parecen borradores, pero algunos son de todos modos excelentes. Tiene cinco páginas de Vargas Llosa a modo de introducción que son bastante buenas.
Carnaval es el relato más largo, pero justo el más confuso y aburrido.
Hay uno que parece un folletín, lleno de intrigas cruzadas, y se trunca en lo mejor.

Un viajero famoso dijo de la aristocracia bergamasca, que la mitad de ella estaba loca de malicia y de lujuria. Que constituía una raza aislada, con la mente fósil como la lava, y con la sangre espesa y caliente. Su sentido del humor está encarnado en la figura del Arlecchino de Bérgamo, que es salvaje como un búfalo y ágil como una cabra, presenta un rostro ennegrecido, una voz áspera, bigotes de gato, una vestimenta llena de parches como la piel de un leopardo, y una cola de zorro en el sombrero.

Hay un par cortos que son de misterio, que sí están completos, son de lo mejor. También una versión de Jack El destripador, cuando llega al final de su vida, hecho un ancianito que "tenía la curiosa manía de observar con atención sus propias manos".
Dinesen escribe bien, tiene ideas, crea personajes bien hechos.

Entonces, un libro muy desparejo.

domingo, agosto 05, 2007

Orhan Pamuk, Nieve

No he estado a la altura, lo confieso, que me perdone Pamuk, no dí la talla. Los años, el genotipo, ciertos excesos; si leí Conversación en la Catedral siendo muy joven, no entendí nada, y volví a leerla unos años después, la entendí y me gustó, quiere decir que alguna vez estuve despierto. Porque esta novela no es difícil, estoy seguro de eso, y no pude seguirla. Apenas tiene la dificultad de los nombres poblados de letras K, las circunstancias del país turco, de la religión y la sombra de Atatürk. Reconozco que de Atatürk solo sé lo que dijo Sturgeon en un buen cuento, "[...] alguien que había llegado a una posición de dictador de una nación, abdicaba luego de haber alcanzado su meta." Estas líneas me han seguido décadas, pero los renglones de Pamuk me dejaron apenas pasada la página, o antes. Realmente, no estoy en condiciones.

Pero hay muchas tramas, y cerca del final el autor genera el suspenso con maestría, porque ya sabemos que Ka y la hermosa Ipek no volverán a verse pero estamos atrapados para saber cómo ha pasado eso.

Solo percibió a la verdadera Ípek cuando le quitó la ropa a tirones y la dejó desnuda con torpeza y una brusquedad un poco salvaje. Tenía los pechos enormes, la piel de sus hombros y su cuello era muy suave y olía a algo curioso y extraño.


Es una novela de inimputables. Cuenta cosas terribles, pero no hay manera de sentir algo más que compasión y aburrimiento. La civilización ha generado monstruos, pero cada componente del género humano es inocente, dice Pamuk; parece que la maldad no existe, que no hay buenos y malos, ni ética ni moral, ni santos ni héroes, nada de nada. Entonces, ¿cómo conmover al lector con una novela que cubre de asepsia todos los actos de la humanidad?

Este párrafo creo que está puesto para dejar claro que en Turquía las cosas son complicadas, casi nada de la novela tiene tantas dificultades, pero alcanza para explicar las muchas cuestiones donde yo no sabía de que hablaban:
-¿Y quiénes somos "nosotros", señor mío?- le preguntaron desde atrás-. ¿Los turcos, los kurdos, los locales, los terekeme, los azeríes, los circasianos, los turcomanos, los de Kars? ¿Quiénes?


En resumen, muy fría. En las antípodas de lo que quiero yo de la literatura, la emoción.

Séame permitido un asunto personal. Ni loco ni mamado voy a Turquía; ellos allá, yo acá o en otros lados, pero a Estambul ni en bergantín pienso acercarme. De veras lo digo, hay miedos que nos pueden seguir desde niños; y ver a Hamidou -el jefe de la prisión- dejando el garrote, sacarse el cinturón, y abrirse la bragueta, es una experiencia no apta para menores de 35.

Paul L. Smith