sábado, febrero 10, 2007

César Aira. Canto castrato


Primeras obras de Aira, según la internet

  • Moreira (1975)
  • Ema, la cautiva (1981)
  • La luz argentina (1983)
  • Las ovejas (1984)
  • Canto Castrato (1984)

  • A mis oídos argentinos el castellano usado por Aira en este libro aparece neutro. Entiéndase libre de localismos. Claro que eso no es posible porque el neutro que mi sensibilidad me indica vale solo para mí. Pero bueno, a fuerza de leer españoles y castellanos de toda América, soy capaz de sospechar extranjerías tanto hacia afuera como hacia adentro. Entonces, digo que esta novela no puede ser difícil de entender por no argentinos, ni siquiera en España. Y pienso que puede ser influencia de la editorial (porque es la primer novela de Aira editada directamente por una multinacional de la madre patria) o quizás le salió así porque en esa época trabajaba mucho como traductor. O quizás cercado porque la historia es del 1700.

    Novela en tres partes (Nápoles, Viena, Stalingrado) y un epílogo, relata los avatares del más grande cantante lírico de la época, el Micchino,cuando a sus veinte años una crisis lo lleva a huir de su representante.
    La novela tiene un tono informativo, sereno e imperturbable. Si existe la música que serena el alma, esta novela también podría recetarse: "para la tranquilidad del espíritu, lea Canto castrato".

    Decía, la acción se desarrolla con placidez. Sobre el color local hay muchas referencias pero nunca se pone pesado, al contrario, son datos que forman parte de la vida de todos los días. Y si hay una trama de espías, es apenas entrevista porque cruza el derrotero del Micchino. Ni siquiera se aclara al final esa intriga, y al lector no le importa.

    No hay un nudo para desenlazar, el tema de la novela es la vida del Micchino en un momento importante de su vida. Y si al final encontró el amor nada en el medio hacía pensar en ese desenlace.

    La parte tercera es un poco más floja; está hecha de epístolas, y los remitentes no tienen la inteligencia ni el tono grácil que le da Aira a las dos partes iniciales. Acá hay algo de acción, pero no esperen a Wilbur Smith, apenas un poco de sangre y un par de muertos. En el epílogo retoma Aira con su mejor pluma, y además hay un final feliz (inesperado) que siempre es grato para el lector.

    Es envidiable como todos los personajes que pasan por la pluma de Aira producen la suspensión de la incredulidad. Así como se dice que todos los de Rowling son de cartón piedra, estos son todos de carne, hueso y corazón palpitante.
    Y este es el mérito de la novela: acompañar unos días al Micchino -la voz más perfecta de su tiempo- y a su corte.

    Aquí, entrevista donde dice "[...], Canto castrato, del que estoy bastante avergonzado." Y habla sin cortesía de sus colegas.

    El poder de su voz volvía a sorprenderlo; era un martillo divino que daba en el preciso centro del anillo de cristal, y ese golpe asombroso volvía a repetirse una y otra vez, con una suavidad vertiginosa. Una vez traspuesto cierto umbral, todo era repetición, y la repetición misma se volvía un corazón de cristal que latía y que él debía encender con su aliento.

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