Michael Cunningham. Las horas
Hay un capítulo impresionante: Clarissa ve a su hija Julia errar, pero ya ha entendido que Julia (19 años) nunca aceptará su palabra como digna de atención. Y de eso se aprovecha la innoble Mary Krull que cual vampiro toma lo que puede de la juventud y belleza de Julia. Y ambas mujeres se reconocen adversarias sobre Julia -ignorante y magnífica- que malgasta sus virtudes en las alas de la soberbia que da la juventud
Calificación: muy buena.
Recomendación reciente de Palimp.
http://lepisma.liblit.com/2011/11/30/michael-cunningham-las-horas/
Copio una parte que Palimp pegó en su sitio y que fue exactamente la parte que también elegí yo para citar..
Traducción: Jaime Zulaika.
Fugazmente, mientras Julia está vuelta de espaldas, Clarissa y Mary se encuentran cara a cara. Idiota, piensa Mary, aunque se esfuerza en mantenerse caritativa o, como mínimo, serena. No, que se joda la caridad. Cualquier cosa es mejor que las boyeras de la vieja escuela, vestidas para ligar, burguesas hasta la médula, viviendo como marido y mujer. Más vale ser un franco y abierto gilipollas, mejor ser el puto John Wayne que una tortillera bien vestida que tiene un trabajo respetable.
Fraude, piensa Clarissa. Has engañado a mi hija, pero a mí no me engañas. Distingo a una ligona nada más verla. Lo sé todo sobre la técnica de impresionar. No es difícil. Si gritas lo bastante fuerte y durante el tiempo suficiente, se formará un corro para averiguar el motivo de todo ese ruido. Es la naturaleza de la multitud. No se queda parada mucho tiempo, a no ser que les des la razón. Eres tan mala como la mayoría de los hombres, igual de agresiva, igual de pretenciosa, y tu hora llegará y pasará.
Ahora, la versión que leí yo, traducción Margarita Valencia Vargas
Cuando Julia se da la vuelta , Clarissa y Mary se miran brevemente. Tonta, piensa Mary, aunque lucha por ser caritativa o, al menos, para no perder la calma. No. A la mierda con la caridad. Cualquier cosa es mejor que las lesbianas de la vieja escuela, que se visten para pasar inadvertidas, y viven como marido y mujer, burgueses hasta la médula. Preferible ser franca y abiertamente idiiota, preferible ser el maldito John Wayne, que una arepeta bien vestida con un trabajo respetable.
Impostora, piensa Clarissa. Engañas a mi hija pero no a mí. Reconozco a un conquistador cuando lo veo. Yo lo sé todo sobre llamar la atención. No es difícil. Si uno grita durante suficiente tiempo, suficientemenete duro, se reunirá una multitud para averiguar la causa del ruido. Esa es la naturaleza de las multitudes. No se quedan por mucho tiempo, a menos que uno les dé una buena razón. Eres tan mala como la mayoría de los hombres, tan agresiva, tan empeñada en tu propia exaltación, y tu momento pasará.
Para mi oído argentino ambas traducciones tienen vocablos extraños pero la versión colombiana me sobresalta menos; arepeta y boyera, palabras nunca vistas.





















