Pedro Mairal. Salvatierra
Estimado lector del blog, ante todo, sepa que si lee un par de comentarios sobre Salvatierra habrá invertido más tiempo del que lleva empezar y terminar este librito.
Como muchos escritores argentinos jóvenes o al menos no muy mayores, Mairal escribe con destreza, pero a favor suyo resalta brutalmente sobre sus colegas por la ausencia de pedantería, de sermones, de párrafos vacuos ornamentados como reflexiones. Hay algo más que facilidad en su prosa. Es excelente. Tiene la palabra justa en cada instante, y no se excede nunca.
En cuanto a la novela, el relator es Miguel Salvatierra que trata de sacar del abandono la obra de su padre fallecido: cuatro kilómetros de lienzo al óleo. Sesenta años de pintura. Salvatierra fue un artista inspirado que pintó antes y después de ir a su trabajo en el Correo, y no le importó nunca el destino de su pintura, y tampoco salir de Barrancales, pequeño pueblo a orillas del hermoso río Uruguay. Mientras avanza en esos trámites, el relator reconstruye la historia de la familia, las circunstancias del país se cuelan, y todo transcurre en un paisaje pueblerino, de brillante evocación. Aparece una intriga, porque no se encuentra uno de los rollos pintados. Esa búsqueda llena los últimos capítulos, y provoca lo poco que hay de acción.
Como se ve, la estructura de la novela es clásica y convencional: una familia, un paisaje, un país (en decadencia), una intriga, protagonistas, personajes secundarios. Hasta la resolución, donde se anudan los hilos sueltos, y hay un epílogo que contiene herencia y herederos, responde al esquema de la gran novela. Todo envuelto en la pintura de Salvatierra, como si el contenido de esas largas telas cifrase la historia del país, los paisajes de Barrancales, y la vida de la familia sin olvidar al propio pintor. Esto reflejo es muy bien llevado por Mairal; cada episodio y cada personaje resulta revelado en la pintura, en otra dimensión, artística desde ya, pero también más verdadera, más exacta. Así, el recuerdo de la hermana ahogada vive en el óleo con más presencia que en la memoria de Miguel, inevitablemente desgastada.
Y ahora, un defecto: ¡es muy corta! No porque tenga pocas páginas sino porque todo está resumido. No como una novela japonesa, donde se hace literatura de indicios. El estilo de Mairal es convencional, pero todos y cada uno de los temas que desarrolla en realidad no los desarrolla sino que los despacha en brevísimos capítulos. Un crítico dijo que es Un clásico aguado; no diría yo exactamente eso, más que desleído es ligero. El autor escribe con precisión, atrapa al lector y zas, pasó a otro tema. Una escritura de mariposa: un suspiro y me voy. No es disperso pero parece porque avanza muy rápido.
Calificación: muy buena, nos deja con ganas de más.
Desconozco de la China hasta la cantidad de mi ignorancia. No obstante me parece dudoso que haya chinos que en 1971 actuen en su vida, sin desviación alguna, como personajes de una película de Hollywood. Entonces, paso de la página tres pensando que el autor tendrá que remar mucho para devolverme la credulidad.
En el campo, al comentar el estado de los caminos, es común decir "está golpeado". Claro que el camino estará desparejo, lleno de pozos o zanjas, pero nadie lo golpeó hasta dejarlo así. Los golpeados son los transeúntes que por allí les toque pasar, o las carretas, las calesas, los sulkis, los coches, nunca el propio camino. Esa expresión es una hipálage. De la prosa de McCarthy me surge decir, está golpeada. Porque no fluye ni discurre, ni se desliza en paz. Va el lector a los tumbos. Entonces, si el camino no está bueno, importa saber por donde nos lleva. Y 

Por algún motivo que no recuerdo, Vila-Matas estaba exento de mis simpatías literarias. Y desde la solapa, me mira, afectado y mefistofélico, como un Christopher Lee petiso y gordo, mal peinado, muy mal peinado por Dios.



Tres relatos largos y tres cortos protagonizados por el comisario Montalbano conforman este libro. No son grandes casos y lo mejor está en algunos personajes habituales, Cantarella, Livia.
Es la crónica Gogol Ganguli, desde el casamiento de sus padres en India, su nacimiento en EEUU, hasta llegar a los treinta y tres años de edad.

